Mafe Carrascal Rojas@MafeCarrascal
El comunicador de ultraderecha @lcvelez , el enemigo jurado de los derechos laborales @AForeroM y muchas otras figuras políticas de la derecha, insisten falsamente en la narrativa del “voto fusil”. ¿Por qué?
No se trata simplemente de la inercia de la extrema derecha de estigmatizar a las poblaciones de la periferia colombiana.
La narrativa es absolutamente coherente con la “contrarrevolución política” de la que Abelardo de la Espriella habló insistentemente durante la campaña.
Una contrarrevolución, por definición, es un proceso de fuerza, muchas veces violento, que busca frenar las reivindicaciones democráticas del pueblo.
Su objetivo es restaurar el viejo orden: devolver a cada quien “a su sitio”, disciplinar a quienes se atrevieron a participar y castigar políticamente a quienes dejaron de obedecer.
En ese proceso, quitarle legitimidad política a millones es una necesidad. Ellos saben que mienten.
Saben que hablar de aumentos de participación electoral en zonas afectadas por el conflicto armado no prueba absolutamente nada.
También conocen los distintos ejercicios estadísticos y periodísticos que han demostrado, más allá de toda duda razonable, la falsedad de esa narrativa. Pero lo hacen de todas maneras porque necesitan cumplir su programa político.
Como se dijo durante la campaña de segunda vuelta: para la ultraderecha, lo de menos es gobernar a Colombia. Lo fundamental es impedir que la izquierda siga siendo una alternativa real de poder.
Por eso, rechazo con toda vehemencia esta estigmatización infundada y alerto sobre los peligros que entraña.
Llamar falsamente “voto fusil” al esfuerzo de millones de personas que viajaron, en ocasiones durante horas o incluso días, para poder votar por @IvanCepedaCast es el primer paso de una política reaccionaria que busca restringir las libertades políticas del pueblo colombiano.