Rosa Xapas

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Rosa Xapas

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@RMiroRodri

Catalunya Beigetreten Ağustos 2011
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3CatInfo
3CatInfo@3CatInfo·
"Els centres educatius on es farà el pla pilot amb mossos de paisà s'estan organitzant i dilluns hi haurà mobilitzacions." Oriol Francesch, del sindicat USTEC, diu que la policia "no és un agent educatiu" i aposta per la mediació 3cat.cat/3cat/oriol-fra… #MésNit3Cat
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Montse Santo
Montse Santo@montsanto·
Als centres d'alta complexitat necessiten més mans i recursos no control policial. A tope amb el meu excole que ara és institut: "Nuestro alumnado necesita más oportunidades, no vigilancia policial" elperiodico.com/es/sociedad/20… a través de @elperiodico
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laura
laura@laura17557869·
Troppo dolore 😔per la vostra perdita .. Uccisi da “ vigliacchi “17 lupi in #Abruzzo Una perdita enorme per la #natura . #VERGOGNAUMANA
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Archaeo - Histories
Archaeo - Histories@archeohistories·
When France was liberated in 1944, the celebrations didn’t just bring relief—they also unleashed a wave of anger looking for somewhere to land. In towns and villages across the country, thousands of women were hauled into public spaces and accused of “horizontal collaboration” for having relationships—real, rumored, coerced, or transactional—with German soldiers. They became known as **les tondues**: the shorn women. And what happened to them was less about justice than public display. Their heads were shaved in town squares as crowds watched. Some were beaten or stripped. Some were marked with swastikas or marched through the streets while people jeered and cheered. Many were young. Many were poor. Some had been trying to survive in an occupied country with limited choices. Others were simply accused and swept up in the chaos. There were rarely trials or meaningful investigations—just humiliation, punishment, and a blunt need to make someone pay. What makes it even harder to sit with is the imbalance. While these women were punished publicly and immediately, many men who collaborated in more powerful ways—politically, economically, or strategically—often avoided this kind of instant, visceral reckoning. A nation bruised by occupation found a simpler target. And it chose women. The photographs still exist: shaved heads, blank stares, crowds turning punishment into performance. They’re a reminder that liberation isn’t always clean—and that in the aftermath of collective trauma, “justice” can slide into something else. © Reddit #archaeohistories
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Arrels Fundació
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Tenir una llar és el primer pas per recuperar-se de la vida al carrer: permet tenir un lloc segur on descansar, recuperar la intimitat, cuidar-se i refer vincles.
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Pedro Torrijos
Pedro Torrijos@Pedro_Torrijos·
Hoy es 25 de Abril. Hoy es la Revolución de los Claveles. La primavera caía con esa luz atlántica de Lisboa que iguala los tejados y los rostros. Celeste Caeiro trotaba por las calles del Chiado con un ramo enorme entre los brazos, casi sin ver el suelo. Cuarenta años, metro cincuenta, madre soltera, militante clandestina del Partido Comunista Português. Camarera. El restaurante donde trabajaba cumplía un año al día siguiente y los dueños querían flores en cada mesa. Una flor para cada comensal. Cuando llegó al local, el gerente apenas pudo distinguir su figura detrás del ramo. —Solo hay claveles— dijo ella. —Es la flor de la temporada. A las 22:55 del 24 de abril de 1974, un técnico lisboeta colocó la aguja sobre un disco de vinilo. Sonaba «E depois do Adeus», el tema mediocre con el que Portugal había quedado último en Eurovisión dos semanas antes. Para los pocos que la oyeron, una canción más en la radio. Para el mayor Otelo Saraiva de Carvalho, una orden. Levantó el teléfono desde su despacho en el cuartel de La Pontinha. «¿Están preparados?» «Estamos preparados», contestó el capitán Salgueiro Maia desde Santarém, cien kilómetros al norte. Y luego el silencio entre los dos hombres. El silencio de lo que un militar de veintinueve años trae consigo cuando vuelve de la Guerra de Ultramar y descubre que en su país solo está permitido callar, el silencio de aldeas arrasadas que Maia había visto en África, de niños muertos. Pensé después en los sistemas que producen un instante así. La canción mediocre convertida en clave. El disco prensado en alguna fábrica anónima. Las antenas, los cables, el tema cruzando el éter portugués sin que nadie excepto un puñado de capitanes supiera que estaba cruzando una frontera invisible. A las 00:25 del 25 de abril, Rádio Renascença emitió «Grândola, Vila Morena», de Zeca Afonso. Una canción prohibida, la segunda señal. Salgueiro Maia armó la columna y comenzó a marchar hacia Lisboa por la madrugada. Maia escuchaba las ruedas del blindado golpeando la gravilla y sabía que esta vez el camino no podía pararse. «No habrá fiesta», dijo el encargado del restaurante. «Fuera hay una revolución». Caeiro miró los claveles. Le dio pena que se estropearan, así que cogió un par de ramilletes y salió a la calle, eran las ocho de la mañana y la ciudad estaba ya en las calles. Decenas de miles de lisboetas. Caeiro avanzó por la Rua Augusta entre cuerpos que gritaban justicia, libertad, igualdad. En Rossio, los carros blindados ocupaban la parte norte de la plaza y los militares no apuntaban a nadie y los civiles tampoco se apartaban. Caeiro se acercó a uno de los blindados. Un soldado jovencísimo con cara de frío, le pidió un cigarrillo, llevaba toda la noche de guardia. Ella no fumaba, así que miró alrededor buscando algo abierto, un estanco, un bar. Nada. —Solo tengo flores— dijo, y le alargó un clavel rojo. El soldado estiró el brazo desde la cubierta del tanque, recogió la flor y la introdujo cuidadosamente en el cañón del fusil. El gesto duró unos pocos segundos, muy pocos segundos. Luego otros militares pidieron claveles a los lisboetas y los lisboetas les dieron la flor de la temporada. Tallos verdes en los huecos de los cañones, pétalos donde deberían salir balas. Pensé en cómo se forma un símbolo. Cómo una mujer que iba a montar una fiesta acaba inventando, sin saberlo, el nombre de una revolución. A las 17:45 el general Spínola certificó la capitulación del Gobierno en el Cuartel do Carmo, caía la dictadura más antigua de Europa. En Vietnam caían toneladas de napalm sobre la jungla. En Lisboa, los soldados llevaban flores en sus fusiles. "Tierra de fraternidad. El pueblo es quien más ordena. En cada esquina, un amigo. En cada rostro, igualdad".
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Noa Gresiva
Noa Gresiva@NoaGresiva·
Vosotros sois muy jóvenes y no lo recordaréis, pero hace dos años Israel bloqueó la entrada de suministros a Gaza y los colonos detenían y destruían la ayuda humanitaria para que no llegase. Unas imágenes que quedarán para la historia.
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literland
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Hoy, 25 de abril. "...En cada esquina un amigo En cada rostro igualdad Grândola, vila morena Tierra de fraternidad..."
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Barrufet del temps
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Bon dia! Es fa servir la fusta per tallar menjar perquè cuida millor els ganivets i té propietats antibacterianes naturals. Absorbeix la humitat i dificulta que els bacteris hi proliferin. A més, és fàcil de mantenir i ofereix una superfície més estable. 📹 West Coast Boards.
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Los Otros Judíos 🇵🇸 #StoptheGenocide
Mientras los periodistas presentes en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca celebraban con los poderosos, les mostramos el rostro de la periodista libanesa Amal Khalil y les hicimos una pregunta sencilla: ¿por qué guardan silencio mientras asesinan a sus colegas? Desde Gaza hasta el Líbano y el Irán, Israel está asesinando a periodistas y los civiles están siendo bombardeados. La historia recordará quién alzó la voz y quién se divirtió con criminales de guerra.
Medea Benjamin@medeabenjamin

While journalists inside the White House Correspondents’ Dinner celebrated with the powerful, we brought them the face of Lebanese journalist Amal Khalil and asked a simple question: why are you silent while your colleagues are being killed? From Gaza to Lebanon to Iran, reporters are being killed by Israel, civilians are under bombardment. History will remember who spoke up and who partied with war criminals.

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Andrés Malamud
Andrés Malamud@andresmalamud·
Medianoche del 25 de abril en Portugal. La gente se reúne en el Convento do Carmo a cantar Grândola Vila Morena, la canción que inició la Revolución de los Claveles en 1974. Comenzaba así la tercera ola mundial de democratización.
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