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Mientras el mundo debate cómo absorber el shock del petróleo por la guerra en Medio Oriente, Santiago ya tiene 4.400 buses que no sienten el alza. El 68% de la flota RED Movilidad es eléctrica. Eso son 352 millones de kilómetros anuales completamente desindexados del precio del crudo. A 1,8 km/litro de rendimiento real en urbano y 80.000 km/año por bus, la flota eléctrica evita 195 millones de litros de diésel al año. Al precio actual, con el shock de Irán, eso equivale a más de US$200 millones anuales que no se incorporan al precio del petróleo. Más de US$500.000 al día. Pero el número puntual no es lo más importante. Lo más importante es la estructura del costo. Los contratos de buses diésel tienen indexación al precio del combustible. Cuando el petróleo sube 34% como esta semana, el subsidio estatal al sistema sube automáticamente. Los buses eléctricos no. Su costo energético está anclado en contratos de largo plazo con generadoras de energía renovable. El shock de Irán no les llega. Chile tomó esta decisión en 2017, antes de que nadie supiera que el Estrecho de Hormuz iba a estar en jaque. Lo hizo por calidad de aire y equidad territorial. Pero resultó ser también la mejor política de seguridad energética del transporte público que pudo haber tomado. Continuó porque hacía sentido para los que siguieron. Piñera se mandó el salto, y luego Boric lo aceleró. Hoy, cuando el gobierno debate si puede sostener el MEPCO con el alza del petróleo, los 4.400 e-buses de Santiago son un escudo fiscal estructural e invisible. Cada bus diésel que se reemplaza por eléctrico es exposición permanentemente eliminada al precio del crudo. La próxima vez que alguien pregunte si la electromovilidad en el transporte público vale la pena, muéstrenle esta semana. Y si se lo pregunta en la Alameda, con 60% menos ruido va a poder responder porque se escucha. Fuentes: DTPM 2° Informe Electromovilidad 2025 · ISCI datos reales RED · UTM marzo 2026
































