
El catolicismo, en 2025, no puede reducirse a folklore religioso, a un devocionario inventado por algún iluminado, a prácticas sociales de izquierda o a la filantropía derechista ni a una ética bienpensante. Falta la centralidad trinitária en el seguimiento a Cristo Jesús en la comunión de los santos y en una Iglesia magisterial y evangélica.

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