Paul atreides
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Paul atreides
@_atreides_
Eram quod es, eris quod sum







@ManonAubryFr Attention: images insoutenables! Ça c'est la violence inouïe: des femmes violées, mutilées, brûlées vives le 7 octobre parce que juives. Et c'est ça qui est soutenu par LFI et les membres de la flottille qui appellent ça des "actes de résistance":



La guerra sucia está más viva que nunca.


🚨 ÚLTIMA HORA | La Fiscalía sospecha que la trama vinculada a Zapatero lavó dinero del robo del reparto de alimentos para pobres en Venezuela ✍️ Te informa Jose Sánchez (@josesanchezrec) vozpopuli.com/tribunales/la-…












x.com/ross64x/status… Podemos estar orgullosos de la cara A de la justicia en este país. Cuando tira de los hilos rojos, lo hace con una precisión admirable: hila fino, actúa rápido y demuestra que el sistema, cuando quiere, puede funcionar. El problema —y aquí es donde el ciudadano de a pie pierde la paciencia, y la razón— está en los hilos azules. Esos que, por mucho que se tiren, o no tienen recorrido o se enrevesan con el tiempo hasta el punto de que uno ya no sabe si está ante una justicia lenta o ante una estrategia premeditada. Y eso es un grave problema. Es una grieta en los cimientos. Cuando la justicia funciona a dos velocidades distintas según de quién se trate, la desafección política no es una reacción irracional: es una conclusión lógica. Y cuando a esa ecuación se le suma el factor mediático, la cosa se complica de una manera que ya no es accidental. Porque hay intereses que no quieren que ciertos hilos se tiren, y hay medios que actúan como altavoces selectivos: amplifican lo que conviene, silencian lo que incomoda, y construyen el relato antes de que el juez dicte sentencia. La justicia, en esos casos, no se administra en los tribunales. Se negocia en los titulares. El resultado es una ciudadanía que ya no sabe muy bien qué creer, y que ante la duda —comprensiblemente— opta por no creer nada. Esa es exactamente la semilla que necesita el populismo para germinar: no la mentira flagrante, sino la confusión sistemática. No el abuso evidente, sino la sospecha permanente de que el abuso existe y nadie va a pagarlo. Y las democracias que ignoran esa conclusión ya no son democracias. Son otra cosa. Lo peor de todo es que ya ni disimulan.


















