Estoy puto mal y puto nerviosa, como si me jugara la vida. Y, digo yo, si ya he hecho una oposición, ¿por qué se sigue pasando tan mal? ¿por qué la autoexigencia hasta el extremo?
Veinte plantas. Veinte seres vivos que me han aparecido así, pum. Y son feas. Verdes, sosas. Desquiciada me tienen. O sea, Vito jardinera es una faceta que jamás me he planteado, ni quiero. Capaz que me las llevo al monte y las planto allí.
Necesito que mi nuevo “yo” se instale sin hacerle daño al antiguo. O sea. Muchos cambios en muy poco tiempo. Muchísimos. Tantos que no me reconozco, y ahí el problema. Me quiero agarrar al antes por vértigo al de ahora, y no puedo. Y estoy sobrepasada.
Os puedo asegurar que me va a salir un algo malo en el cuerpo después de tantísimos malos ratos y tantísima tensión. Yo me meto en una casa, pero que me va a costar la salud es que es un hecho.
Os juro por María santísima que no queréis comprar. Os lo digo desde ya. O sea, lo idealizado de jiji jaja mi casita ehhhhhh la de mierdas y mierdas que lleva asociadas es que es una cosa horrorosa. Es un puto mal trago de narices. Todo el rato.
El putísimo odio que me he encontrado en IG hoy contra los profesores??? Pero una santa barbaridad de burradas??? Pero echando mierda pura del gremio. No entiendo absolutamente nada.
Por no hablar de lo que es hacer nuevos amiguis. Que entre las taritas propias y las ajenas, y que no puedes ir por la calle, en plan “hola, ¿quieres ser mi amigui?”, o me apunto a un gimnasio o a un curso de cerámica 😂
Nadie te habla de los treinta y lo que pasa con los amigos y los cambios de vida de cada uno. Vaya duelo, tú. El vacío es… curioso.
Si no eres de ese grupo, eres muy, muy afortunado.
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Manda cojones de los gordos.