La incomodidad no siempre es una señal para irse. A veces cansa, desgasta y nos confronta con nuestros propios miedos. Pero cuando algo realmente importa, también puede ser el precio de construirlo.
Te extraño cuando tengo una victoria y no puedo decírtelo. Te extraño cuando me rio y no puedo contarte. Te extraño en las canciones que suenan a ti y en los atardeceres que tienen tu brillo. Te extraño en las cosas simples, esas que vuelven la vida más liviana.
Te extraño, pero no desde el lugar de quien espera. Solo sé que, en cualquier etapa de mi vida, si algún día volviéramos a encontrarnos desde el amor, mi respuesta seguiría siendo sí.