✝ 𝑺𝑨𝑴𝑼 🇻🇦@Samu_R_M
Sobre las consagraciones episcopales de la FSSPX
Lo sucedido hoy con la FSSPX duele precisamente porque no se puede reducir todo a una caricatura de “rebeldes contra Roma”.
Hay que decirlo con claridad: la Fraternidad San Pío X ha conservado en muchos aspectos una doctrina, una liturgia y una formación espiritual mucho más serias que las que se encuentran en demasiados ambientes eclesiales actuales. Mientras en tantos lugares se ha diluido el pecado, la gracia, el sacrificio de la Misa, la realeza social de Cristo o la necesidad de la conversión, la FSSPX ha recordado verdades que pertenecen al tesoro católico de siempre.
El Vaticano, durante décadas, ha tratado muchas veces la Tradición como un problema que debía controlarse, mientras toleraba abusos doctrinales y litúrgicos infinitamente más graves. Eso ha generado heridas reales, desconfianza y una sensación de abandono en muchos fieles.
Pero nada de eso justifica consagrar obispos sin mandato pontificio.
Un obispo no es simplemente alguien que administra sacramentos para asegurar la continuidad de una obra particular. El episcopado pertenece a la constitución apostólica de la Iglesia, y su ejercicio exige comunión jerárquica con Pedro. La crisis de autoridad en la Iglesia es gravísima, pero no se responde rompiendo visiblemente con el principio de unidad querido por Cristo.
El Código de Derecho Canónico es claro: a ningún obispo le es lícito conferir la ordenación episcopal sin que conste previamente el mandato pontificio. Y quien consagra o recibe la consagración episcopal sin ese mandato incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica.
Por eso esta decisión de la FSSPX me parece un error gravísimo. Se puede reconocer la crisis posconciliar, criticar con fuerza las ambigüedades doctrinales modernas, defender la Misa tradicional y denunciar la persecución injusta contra la Tradición. Todo eso puede y debe hacerse desde la fe católica.
Pero convertir una situación de necesidad en una ruptura práctica con Roma es entrar en un terreno peligrosísimo.
La FSSPX tenía razón en muchas críticas. Ha sido más ortodoxa que buena parte de quienes hoy ocupan puestos de poder eclesial. Ha custodiado elementos de la fe que otros han despreciado. Aun así, la ortodoxia no puede separarse de la comunión visible con la Iglesia.
Roma ha actuado mal muchas veces. La FSSPX debía haber sido más prudente.
La Tradición no se defiende creando una herida nueva en el Cuerpo de la Iglesia.