Henry retweetet

EEUU GANA. CHINA SE AHOGA EN DEUDA. EUROPA DA VUELTAS EN CÍRCULOS.
Estados Unidos es ahora la principal superpotencia energética mundial:
Nº 1 en producción de Petróleo, más que Arabia + Rusia + Irán juntos.
Nº 1 en producción de Gas Natural: más que Rusia + Irán + China juntos.
Nº 1 en exportación de petróleo crudo
Nº 1 en exportación de productos derivados del petróleo
El precio medio de la gasolina en Estados Unidos (en términos absolutos) es un 17% inferior al de China y un 44% inferior al promedio de la UE.
El precio del gas natural en EEUU baja un 28% este año y en Europa sube un 58%, en parte porque Europa prohíbe consumir el gas de EEUU producido por fracking. Europa compra gas licuado a Rusia y financia así su guerra contra Ucrania (maravillas de la economía “verde” europea).
De acuerdo con las últimas declaraciones de Trump (veamos sin son verdad), Irán habría aceptado desistir en su carrera para obtener armas nucleares y entregar todo el uranio enriquecido.
"Es muy importante que Irán no tenga armas nucleares y que haya aceptado eso. Irán ha aceptado eso y lo ha aceptado de forma muy contundente."
"Han aceptado entregar el material nuclear, también el que está enterrado bajo tierra debido al ataque que hicimos con los bombarderos B-2 en julio"
"Así que tenemos muchos acuerdos con Irán y creo que un acuerdo de paz se va a firmar en pocas semanas de forma muy positiva."
Esto sería una victoria monumental.
Sin embargo, periodistas moralistas en Europa siguen desinformando, sin explicar realmente lo que sucede y sobre todo las implicaciones para cada país.
Nuestro sistema económico, ya sea en Estados Unidos, China o Europa funciona con deuda, con dinero nuevo impreso de la nada. Pero la oferta monetaria de China, medida en dólares, es más del doble que la de Estados Unidos. China logra sus crecimientos anuales del ~5% no mediante aumento de la productividad sino en gran parte por un crecimiento financiado con deuda. Su nivel de endeudamiento público privado es mucho mayor que el de EEUU o el de Europa. Esto le deja en una posición más vulnerable. Además, China no produce casi petróleo.
El presidente estadounidense ha repetido varias veces la frase clave: «Xi necesita petróleo. Nosotros no».
Esta sencilla frase encierra toda la cuestión. Cada día de bloqueo para Irán del estrecho de Ormuz afecta gravemente primero a Irán, obligándole a cerrar cuanto antes el acuerdo con EEUU sobre el cese de su programa nuclear y su financiación a Hezbollah y resto de grupos terroristas. Pero afecta también gravemente a la economía de China. Y en menor medida a Europa.
China necesita petróleo, energía. Por eso construye centrales de carbón como si no hubiera un mañana. Es la única gran economía cuya energía proviene mayoritariamente (52%) de quemar carbón (EEUU 8% y Europa 2%). Tanto que se podría decir que los coches eléctricos chinos son carbón pintado de verde.
Los gobiernos del Líbano e Israel se han sentado a negociar por primera vez en casi 40 años y han acordado un cese el fuego. El gobierno del Líbano se ha alineado con Israel contra Hezbollah, para liberar al Líbano de la ocupación indirecta de Irán. Líbano e Israel han acordado trabajar juntos para desarmar a Hezbollah.
Es pura realpolitik: quien controla los flujos energéticos controla la política exterior.
En Europa esta dimensión geopolítica se ignora casi sistemáticamente. En los principales programas de debate y en los comentarios de muchos analistas, prevalece el mensaje de que: Trump es agresivo, impredecible, está «destruyendo alianzas».
Pocos periodistas describen la maniobra como lo que realmente es: una clásica maniobra de poder de una superpotencia que explota su ventaja estructural (EEUU es independiente energéticamente) para inclinar la balanza global a su favor, en contra de su principal enemigo para la paz mundial, que es Irán, y contra su principal rival comercial, que es China.
En cambio, en nuestros medios se prefiere el enfoque moralizante: Trump está loco y/o es estúpido y/o es un enemigo de Europa.
El resultado es una deprimente falta de información: el público europeo recibe una caricatura del presidente estadounidense, despojada de su lógica estratégica, mientras que las consecuencias concretas sobre los precios de la energía y la seguridad de las rutas marítimas se presentan como fruto del caos creado por Trump, en lugar de una lucha por la seguridad internacional y un juego entre grandes potencias en el que Europa debería posicionarse.
Entender el fondo de Trump no significa aprobar sus formas. Significa reconocer que detrás de sus acciones subyace una visión estratégica muy coherente («Estados Unidos Primero»), aplicada primero a la seguridad (a la guerra con Irán) y después a la competencia con China. Ignorar esta realidad no hace que Europa esté más segura: simplemente no hace menos preparados.
La era en la que el “cambio climático” dictaba la política industrial terminó definitivamente hace unas seis semanas. La seguridad energética y de los recursos ha vuelto a ocupar un lugar prioritario; la única incógnita es cuánto tardarán los líderes europeos en reconocerlo abiertamente.

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