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Salvador Cruz Quintana
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Salvador Cruz Quintana
@boroscq
Esto es la bomba
Las Palmas de Gran Canaria Beigetreten Eylül 2009
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CURIOSIDADES DEL IDIOMA ESPAÑOL
📏 La palabra más larga: Con 23 letras, Electroencefalografista es la palabra más extensa aprobada por la RAE.
🚫 Sin repetir: En el término Centrifugados, todas las letras son diferentes. No se repite ni una.
⚖️ Equilibrio: La palabra Oía tiene tres sílabas en solo tres letras.
👯 Parejas: En Aristocráticos, cada letra aparece exactamente dos veces.
🔢 Coincidencia: El vocablo Cinco tiene cinco letras. Es el único número en español donde esto ocurre.
🔠 Orden alfabético: La palabra Estuve contiene cuatro letras consecutivas en el abecedario: s-t-u-v.
⏳ Eficiencia: Menstrual (9 letras) es el vocablo más largo de solo dos sílabas.
🎨 El "póker" de signos: Pedigüeñería tiene los 4 "firuletes" posibles: la virgulilla (ñ), la diéresis (ü), la tilde (í) y el punto de la i.
🔄 Palíndromo: Reconocer se lee igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda.
🎭 Anagramas: Ecuatorianos y Aeronáuticos tienen las mismas letras, pero en diferente orden.
🍎 Vocales: Euforia tiene las cinco vocales y solo dos consonantes.
¿Cuál de estas te ha sorprendido más?
¡Comparte tu favorita!

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Emotivas palabras de #AndrewGarfield sobre el duelo por la pérdida de su madre y la necesidad de sentir el dolor de su muerte para seguir teniéndola presente en su vida 🖤
#StephenColbert #andersoncooper #CNN
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La risa que domestica
Hay una escena repetida que vemos con frecuencia. Un político aparece en pantalla, alguien lo imita, el público ríe y, sin darse cuenta, empieza a reconocerlo más por la parodia que por sus actos. Lo que nació como una crítica termina convertido en una costumbre que deja de incomodar.
Durante mucho tiempo, la sátira operó con una cierta distancia. Exageraba un vicio para provocar vergüenza, lucidez o rechazo. Había una herida moral. El ridículo no era solo entretenimiento, era una forma de desenmascarar. Hoy ese mecanismo se ha vuelto más frágil. No porque la sátira haya perdido su potencia, sino porque la realidad ha aprendido a adelantarse.
Vivimos rodeados de discursos que ya vienen cargados de teatralidad, de ironía y de autoparodia. El poder ha aprendido a parecer meme antes de que llegue el humorista. Y una sociedad entrenada para consumirlo todo como contenido ha incorporado también la crítica dentro del circuito del entretenimiento. La sátira ya no siempre hiere.
La parodia degrada pero también acerca. Al repetir una voz, unos tics, una cadencia..., convierte al personaje en algo familiar. Y lo familiar, incluso cuando es grotesco, se tolera mejor. Se espera. Se disfruta. El espectador ya no ve solo a un dirigente con poder real, sino a “ese que habla así”, “ese que hace ese gesto”. El juicio se mezcla con el placer.
El fenómeno es transversal. Donald Trump fue objeto de sátira constante. Pero su estilo, tan exagerado, tan reconocible, lo hacía perfecto para la imitación. Esa repetición no lo anuló. En muchos casos lo consolidó como una figura cultural. Más que un político, un personaje inevitable. El personaje cómico genera una indulgencia que la figura seria no recibe.
En España, la lógica se repite con precisión. Pedro Sánchez, Isabel Díaz Ayuso, Santiago Abascal o Pablo Iglesias han sido convertidos en repertorio de gestos, tonos y frases. Programas como Polònia han logrado algo singular. Hacerlos a todos criticables y al mismo tiempo integrarlos a todos en el mismo ecosistema de consumo.
Incluso el cine popular ha explorado esta ambigüedad. José Luis Torrente nació como una caricatura moralmente repulsiva pero su éxito revela otra cosa. Que el público no solo lo rechaza, que la crítica queda mezclada con el disfrute.
Los cómicos trabajan en ese terreno resbaladizo. Carlos Latre, Joaquín Reyes, El Gran Wyoming o Ignatius Farray no hacen propaganda en sentido estricto. Pero sí participan, a veces sin quererlo, en una operación de estilización. El personaje queda reducido a una esencia caricaturesca fácil de reconocer y de compartir. Y lo que se comparte, se consolida.
Ahí está el punto decisivo. La sátira más superficial reproduce el síntoma pero la más profunda revela el mecanismo que hay detrás. La primera nos acostumbra al personaje. La segunda nos obliga a entender qué lo hace posible. Entre ambas hay una diferencia crucial. Mientras una convierte la miseria en espectáculo, la otra la convierte en un problema visible.
Por eso la buena sátira no es necesariamente la que más hace reír. Es la que deja un resto de incomodidad. La que no permite salir del todo limpio. La que no se limita a decir “mira qué absurdo es esto”, sino que añade el matiz de “mira hasta qué punto ya te has acostumbrado”.
El riesgo actual no es la desaparición de la sátira. Es su absorción. Que se convierta en un género más dentro del entretenimiento continuo. Que el monstruo ya no tema al espejo porque ha aprendido a posar delante de él.
Reírse de nuestras miserias sigue siendo necesario. Pero no toda risa esclarece. Hay una risa que alivia y otra que revela. Una que descarga y otra que desvela. La primera nos reconcilia con el espectáculo. La segunda lo interrumpe.
La cuestión no es si podemos seguir haciendo comedia. La cuestión es si aún somos capaces de desarrollarla como algo más que un buen número de entretenimiento.
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La libertad estudiada y la libertad vivida
Una de las paradojas del panorama musical actual es que vivimos en una época que se presenta como la más libre, diversa y desacomplejada de todas, y sin embargo gran parte de la música pop transmite una sensación extraña de cálculo, vigilancia y autocontrol.
No faltan medios, ni estilos, ni plataformas, ni permisos. Falta muchas veces otra cosa más difícil de definir, pero muy fácil de percibir cuando aparece. Falta la impresión de que el artista esté realmente suelto, de que no está negociando cada gesto con su propia imagen pública, con el algoritmo, con la conversación de redes y con el miedo permanente a la reacción inmediata.
Las redes sociales y la exposición continua no matan el talento, pero sí altera su temperatura. Por eso incluso artistas con personalidad, ambición y riesgo pueden sonar más encorsetados que muchos nombres del pasado. No necesariamente porque sean peores, sino porque hoy la libertad artística llega al público ya envuelta en estrategia, circulación y administración.
Ahora el artista no solo hace canciones con un estilo. También tiene que sostener marca, relato, presencia y rendimiento. Y eso se nota. Se nota en la música, en el gesto, en la entrevista y hasta en la supuesta espontaneidad.
Por eso, cuando uno vuelve a ciertas figuras de los ochenta, no solo escucha canciones. Respira un clima en el que el artificio todavía no estaba completamente optimizado. Un clima en el que el personaje parecía nacer para agrandar la obra, no para alimentar una rueda infinita de atención. Antes el artificio quería conquistar el escenario. Hoy muchas veces parece querer conquistar el algoritmo.
Ahí es donde la Movida madrileña, con todas sus limitaciones, sus mitologías y sus excesos, sigue conservando una energía que hoy impresiona. No porque todo fuera mejor. Había mucho humo, mucha irregularidad y mucho artista convertido en emblema por razones más ambientales que estrictamente musicales.
Pero sí había una cualidad real que hoy escasea. La desinhibición creadora. La sensación de que cada uno podía inventarse a sí mismo de manera excesiva, ridícula, brillante o indecente, sin que esa invención tuviera que venir ya corregida por una consultoría permanente de imagen.
Por eso aquella época sigue teniendo algo magnético. No solo por lo que produjo, sino por lo que dejaba imaginar. Dejó la sensación de que la canción pop y rock todavía podía ser personaje, noche, teatro, máscara, humor, provocación y estilo sin que ninguna de esas cosas rebajara su valor musical. En los mejores casos, ocurría lo contrario. El artificio elevaba la música.
La Orquesta Mondragón o Tino Casal no es solo que fueran buenos, ni que solo fueran excéntricos. Es que en ellos aparece una unión muy rara y muy admirable. La unión entre libertad y calidad. No se limitaban a ser desinhibidos. Eran desinhibidos y, además, sonaban de maravilla.
Javier Gurruchaga es un maestro de ceremonias, construido con materiales internacionales, pero deformados por una imaginación muy española, muy de esperpento, de feria, de sainete electrificado y de circo urbano.
Lo fascinante de Gurruchaga es que ese exceso no deterioraba la música. Al contrario. La Orquesta Mondragón suena con una solidez tremenda. Hay banda, aire, músculo, arreglos, sentido del espectáculo y una voz que no será académicamente perfecta, pero sí extraordinariamente eficaz.
Con Tino Casal el escenario se convertía en escaparate barroco y futurista. Pero ambos comparten lo esencial. Los dos entienden la canción como un mundo. Los dos entienden que la voz, el vestuario, la producción, la frase y el decorado forman parte de una misma pieza. Y los dos poseen algo todavía más raro. Humor, personajes y artificio puestos al servicio de un sonido excelente, innovador y elaborado.
No eran solo artistas extravagantes, eran artistas libres que entendieron que la mejor manera de defender esa libertad era darle forma con una calidad y oficio increíble.
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Llevamos tres años sin Presupuestos pero, ¿y las risas que nos estamos pegando?
EL MUNDO@elmundoes
La broma de Arcadi España sobre los presupuestos que ha provocado la carcajada del público
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En la década de los 60 y 70 Canarias vivió un "boom" en la construcción de presas. Financiadas por familias y el Estado
▪️ Gran Canaria es el territorio con mayor densidad de presas por kilómetro cuadrado
👉rtve.es/play/videos/te…
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Hoy hace 49 años ocurrió el accidente en el aeropuerto de Los Rodeos, en Tenerife. Ha sido el peor accidente aéreo de la aviación mundial. Murieron 583 personas a causa de la colisión de dos Boeing 747, uno de KLM y otro de Pan Am.
No suelen contar que la causa indirecta del accidente fue un atentado cometido por terroristas del Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario en el aeropuerto de Gando, en Gran Canaria. Hicieron explotar una bomba en la terminal que causó varios heridos y el cierre temporal del aeropuerto.
Como consecuencia del atentado, numerosos vuelos que se dirigían a Gran Canaria fueron desviados al aeropuerto de Los Rodeos, causando una saturación que provocó acumulación de tráfico, retrasos y aviones estacionados en la pista.
El MPAIAC era una organización terrorista independentista canaria dirigida por un tal Antonio Cubillo, que por entonces estaba exiliado en Argelia. Curiosamente, el atentado no tuvo consecuencias judiciales para sus autores materiales.

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Aquí, una de las mentes más brillantes que conozco @felixdeazua1 , explicando la etapa final de una larga decadencia.
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No se puede entender el origen de los Estados Unidos sin la fascinante historia de Cabeza de Vaca.
Pronto en WE THE HISPANOS 🇪🇸🌎🇺🇸, la nueva película de José Luis López-Linares 📽️
📅17 DE ABRIL en CINES🎞️
Pídela en tu ciudad 👉 wethehispanos.org
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Caideros de agua en la zona de Pajonales y del Barranco de Siberio #GranCanaria 💛💙
#BorrascaTherese 🌧️🌧️ Marzo 2026
📹Sebas García
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🔴‼️ Mariano Barbacid denuncia acoso laboral en el CNIO y una campaña de desprestigio y advierte que afectará a la investigación
El reconocido bioquímico español, pionero en investigación oncológica, ha hecho público un comunicado denunciando una "campaña continuada de acoso laboral y desprestigio" en el CNIO
🗣️ @rubn_escu
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Lo que hay es una palabra desgastada y usada como insulto universal para no querer debatir y mantenerse en una atalaya moral de algodón.
Se llama fascista a un partido, a los jueces, a una opinión incómoda, a un político liberal o incluso a una actitud cotidiana.
Eso no es conocimiento, es inflación semántica de un movimiento totalitario que en España defienden cuatro energúmenos.
El resultado ahora de la palabra "fascismo " es paradójico. Cuanto más se usa el término, menos significa.
Además, mezcla dos planos que no son equivalentes. El fascismo histórico no fue solo una idea peligrosa que la gente no comprendió.
Fue un fenómeno político concreto, con unas condiciones muy precisas. Italia tras la Primera Guerra Mundial y Alemania tras el Tratado de Versalles, crisis económicas severas, humillación nacional y miedo al comunismo.
El franquismo fue en cambio derecha socialista en cuanto organización económica y social tras una guerra civil que evitó un régimen comunista.
Con Franco no había un libre mercado liberal, sino un sistema intervencionista, corporativo y con un fuerte control del Estado sobre los sectores clave.
Reducir la historia a que la gente de la época no sabía lo que era el fascismo es casi infantil. Como si la historia fuera un error de definición y no lo que se hace realmente cuando una ideología llega al poder.
Y luego está lo de la farsa. La historia no se repite como una copia teatral. Cambian las estructuras, los actores y las circunstancias.
Lo que sí se pueden repetir son las tensiones. Crisis, inseguridad, polarización, necesidad de orden...
Pero eso no significa que estemos viviendo otra vez el fascismo. De hecho, hay algo más inquietante. Al llamar fascismo a todo, se pierde la capacidad de reconocerlo si realmente apareciera.
Es como gritar que viene el lobo cada día. Cuando el lobo llegue, nadie sabrá distinguirlo del ruido.
Estamos ante una confusión conceptual bastante seria. Y eso, en política, suele ser más peligroso que la ignorancia de principios del siglo XX.
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