Gerardo@GerardoAlcolea
Sin quitarle culpa a los jugadores, porque tienen y mucha, Xabi está cavando su tumba él solo. La razón es sencilla: todos podríamos apoyarlo pese a los resultados si sus decisiones fueran coherentes. Sin embargo, ha ido encadenando errores uno tras otro que han debilitado su proyecto desde dentro.
1. En el Mundial dejó a Rodrygo en el banquillo varios partidos y apostó por Gonzalo, decisión que funcionó muy bien. Pero cuando volvió Mbappé y tocaba un partido durísimo como el del PSG, decidió romper lo que estaba funcionando para poder meterlo.
2. En el inicio de La Liga se veía una idea clara, pero comenzó su pulso con Vini, devolviendo a Rodrygo al once y creando una competencia absurda con uno de tus mejores jugadores.
3. Llegó el primer partido realmente complicado: el Atlético. Jude regresaba de lesión y aun así decidió meterlo de titular, otra vez rompiendo la estructura que venía construyendo.
4. El equipo se repuso del descalabro del derbi y empezó a jugar bien. Llega el Clásico, se hace un buen partido… y decide continuar con su pulso sacando a Vini cuando el encuentro no estaba cerrado. La reacción de Vinicius fue mala, sí, pero aquí analizamos las decisiones de Xabi, no el comportamiento del jugador.
5. En Anfield, ante un Liverpool que venía mal, plantea un partido inexplicable, sin valentía ni orden.
6. Su solución partido tras partido es siempre la misma: sacar a Rodrygo y nunca mirar hacia alternativas reales como Endrick o Gonzalo, que aportan perfiles totalmente distintos.
7. Sus modificaciones casi siempre dejan mucho que desear. Carecen de creatividad, rara vez cambian el partido a favor y casi siempre empeoran al equipo. Entran los mismos, salen los mismos… y el equipo se vuelve previsible.
8. Con él esperábamos ver minutos estratégicos para los canteranos. En ciertos contextos hubiera tenido todo el sentido usar a Joan, Fortea, Aguado y otros, pero parece que no existen para él.
Yo quería —o quiero, porque ya no sé qué pueda pasar después del miércoles— que Xabi triunfe en el Madrid. Sin embargo, es imposible apoyarlo del todo cuando sus propias decisiones terminan quitándole el foco a los jugadores, que también tienen mucha culpa, y lo ponen sobre él. Cuando él llegó esperábamos coherencia, inteligencia y una implantación paulatina de su idea de juego, no pulsos innecesarios ni decisiones que rompen más de lo que construyen.