David Mermelstein@dmermel
Argentina desde Excesia hacia Sostenia: un cruce que no admite atajos
Durante décadas, los habitantes de Excesia vivieron por encima de los recursos que generaban, vulnerando principios económicos básicos, alimentando desequilibrios persistentes y reeditando artilugios que postergaban lo inevitable de condiciones cada vez más insostenibles.
A lo largo de esas décadas, el suelo temblaba una y otra vez: la inflación se aceleraba, la moneda perdía valor, los recursos escaseaban y la pobreza se multiplicaba. Con cada episodio, el impacto se volvía más profundo, consolidándose como una fragilidad estructural.
Fue entonces cuando los habitantes decidieron construir un puente hacia Sostenia, una tierra donde el equilibrio fiscal, la estabilidad monetaria y el crecimiento sostenido eran parte del paisaje.
El puente para llegar allí no se construía con ladrillos, sino con esfuerzo sostenido y convicción colectiva. Cada tramo requería trabajo, paciencia, generosidad y alto esfuerzo. Pero su estabilidad no dependía solo de la voluntad de avanzar, sino de que esa convicción no se erosionara.
A medida que el cruce se extendía, las exigencias se volvían más visibles. Algunos sectores sufrían más que otros. Sus penurias eran reales, dolorosas, pero el desafío para realmente aspirar a mejorar era discernir que la causa no estaba en el puente, sino en las consecuencias de lo que había ocurrido en Excesia por décadas, a medida que quedaba al descubierto todo lo que permanecía oculto bajo la superficie de aquellos desequilibrios prolongados.
Mientras tanto, surgían voces que ofrecían atajos. Prometían regresar a Excesia sin consecuencias, presentando esa vuelta como una salvación, o bien otras que proponían empezar de vuelta, arrancando un puente distinto, que supuestamente llevaría a Sostenia, pero por una mejor vía... probablemente solo fantasías que a poco de andar dejarían en el medio del agua a los habitantes en tránsito.
Cuanto más simplistas y radicales eran esas promesas, más inestable se volvía la estructura del puente que costosamente se venía construyendo. No solo porque debilitaban la convicción de avanzar, sino porque obligaban a quienes sostenían la construcción a redoblar el esfuerzo, reforzar los pilares y compensar con más sacrificio la incertidumbre que esas voces sembraban. Y cuanto más se expandían esas ofertas de retorno fácil, más caro era sostener el puente y la credibilidad del proyecto colectivo. Es decir, más difícil era avanzar y romper el círculo vicioso de un destino de perdición en Excesia.
Aun así, quienes se habían comprometido con la construcción ya habían avanzado bastante. El trayecto recorrido era significativo, y aunque no exento de errores ni de aspectos por mejorar, habían logrado sostener la estructura en pie y marcar una dirección clara hacia Sostenia.
El costo de sostener la construcción no dependía solo del terreno, sino de cuán creíble era la decisión de no volver atrás, especialmente por parte de aquellos que aún podían sobrellevar los esfuerzos.
Al final, un rasgo que distingue a los países desarrollados de los que no logran progresar, es la convicción sostenida de sus mayorías en cuanto a que Excesia no es un buen lugar para estar y mucho menos para construir un país con futuro.