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DE CONOCER LAS ENTRAÑAS DEL EJÉRCITO A SER DETENIDO EN ESTADOS UNIDOS
El caso del general en retiro Gerardo Mérida Sánchez no es cualquier escándalo.
No estamos hablando de un policía improvisado.
No estamos hablando de un mando menor.
No estamos hablando de un burócrata perdido en una oficina.
Estamos hablando de un general que durante su paso por la Secretaría de la Defensa Nacional ocupó cargos extremadamente sensibles.
📌 Fue subjefe y jefe en la Sección Segunda del Estado Mayor de la Sedena: Inteligencia Militar.
📌 También estuvo en la Sección Tercera: Operaciones.
📌 Y en la Sección Cuarta: Logística.
Para que se entienda en español de calle:
Este hombre no nada más sabía dónde estaban los escritorios.
Este hombre sabía cómo se mueve el Ejército.
Cómo piensa.
Cómo opera.
Cómo despliega.
Cómo investiga.
Cómo reacciona.
Cómo protege información.
Cómo se coordinan operaciones.
Cómo se estructura el esqueleto, los músculos, las arterias y el sistema nervioso de una de las instituciones más poderosas del país.
Además, fue director de la Escuela Militar de Inteligencia.
Fue agregado militar y aéreo en la Embajada de México en Chile.
Fue comandante del Mando Especial “Mante”, en Tamaulipas.
Fue comandante de la 21/a Zona Militar, en Morelia, Michoacán.
Fue comandante de la 44/a Zona Militar, en Miahuatlán, Oaxaca.
Fue comandante de la 25/a Zona Militar, en Puebla.
Y después de todo eso, terminó como secretario de Seguridad Pública de Sinaloa, uno de los estados más calientes, más delicados y más observados de México.
Hoy está detenido en Estados Unidos, acusado por autoridades norteamericanas de presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa.
Ojo: acusado no significa culpable.
Eso lo tiene que determinar una corte.
Pero aquí empieza lo incómodo. 👇
¿Quién supervisa al que se encargaba de inteligencia militar?
¿Quién vigila al que sabía cómo se vigilaba a los demás?
¿Quién revisa al que conocía las operaciones, las rutas, las capacidades, los tiempos, los mandos, las debilidades y las entrañas del sistema?
¿De verdad nos quieren vender la idea de que un general con décadas de servicio, que pasó por Inteligencia, Operaciones y Logística, un día se retira y mágicamente ya no representa ningún riesgo institucional?
¿De verdad el discurso es: “ya estaba retirado, ya no es bronca nuestra”?
¡Cabrón!
Ese hombre no se fue con una lonchera y dos mudas de ropa.
Se fue con años de información, experiencia, contactos, criterio operativo y conocimiento profundo de cómo funciona el aparato militar mexicano.
Y aquí viene la pregunta que va a incomodar a muchos:
¿Hasta dónde llega la responsabilidad de una institución cuando uno de sus mandos más formados, más capacitados y más sensibles termina acusado en Estados Unidos por delitos de este tamaño?
Porque una cosa es defender a las Fuerzas Armadas.
Y otra muy distinta es cerrar los ojos como fanático y fingir que aquí no pasó nada.
A las instituciones serias no se les defiende tapando preguntas.
Se les defiende exigiendo controles, supervisión, filtros, contrainteligencia y rendición de cuentas.
Porque cuando cae un civil, cae un civil.
Pero cuando cae un general con ese currículum, no sólo se cae un hombre.
Se abre una grieta enorme en la confianza de todo un Sistema..

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