Martin Sanchez retweeté

Noviembre de 2017. Fallece mi abuelo. Tenía cabras, perros, gallinas y más animales de los que alguien tenía que hacerse cargo.
Así que yo, urbanita y amante como nadie de Madrid, me dispongo a irme unos días allí para ver qué hacía con ellos.
6 años después aquí sigo.
La parcela estaba a 20km del pueblo más cercano y yo, a pesar de mis 24 años, no tenía carnet de coche. Así que cogí un Alsa que me dejó a 3km de la parcela y para allá que fui.
Los primeros días fueron raros. No tenía demasiadas cosas que hacer y es difícil acostumbrarse a un cambio tan drástico. Pero algo pasaba dentro de mí, sobre todo ocurría por las noches, un sentimiento de felicidad indescriptible inundaba todo mi cuerpo, una sensación de paz y tranquilidad que me hacía sentirme más libre que nunca.
Iba muy a menudo a Madrid en mi Alsa, al principio cuesta desconectar del todo. Pero poco a poco me fui haciendo a esta vida y la idea de volver a Madrid de manera definitiva se me hacía cada vez más incómoda. "¿Pero cómo me voy a volver a meter en un piso?" Pensaba dando vueltas por mi hectárea mientras observaba a los animales.
Así que los animales se quedaron conmigo. Es más, vi negocio en la venta de huevos y compré más gallinas. También vi que lo de tener cabras no era lo mío y las fui regalando. Planté mi primer huerto. Fue un poco desastre y la mala hierba era más alta que las tomateras, pero poco a poco y error tras error la naturaleza fue enseñándome cómo se hace.
Planté 110 almendros y murieron todos. Luego planté 110 olivos y se los comieron las cabras que quedaban. En fin, las cosas de ser un urbanita en proceso de adaptación.
Me saqué el carnet de conducir y tras mucha búsqueda y tiempo perdido en tareas que no merecían la pena encontré varias formas de ganar algo de dinero por Internet, y eso fue el paso definitivo para establecerme aquí.
Mi padre me enseñó a usar la motosierra, cortasetos, desbrozadora y todo tipo de maquinaria. Al poco tiempo varios vecinos ya me pagaban para que cuidara sus parcelas. Se alegraron mucho de tener a un chaval joven con ganas de trabajar en la zona.
6 años después parece que lleve aquí toda la vida. Mi estancia en la ciudad queda tan lejos que parece que soy una persona distinta. Cada día la naturaleza me enseña cosas nuevas y poco a poco voy dominando el entorno que me rodea. Nunca sabemos que nos deparará la vida pero no me veo en ningún otro sitio.
Tweet dedicado a mi abuelo, el huevero, que se habría alegrado infinitamente de que ese chaval que le hacía poco caso cuando le hablaba de sus cosas de campo ahora haya seguido su legado y tenga ganas de vivir igual que él, rodeado de naturaleza y animales hasta que llegue la muerte.
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