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Whoops, I almost forgot something...



Infinite Reality • ༺(⚔️)༻@JohnThiccamus
Oh, and one more thing...
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🇺🇸✡🕎 El multimillonario judío estadounidense Sam Altman, CEO de Open AI, fue demandado ayer por su propia hermana por abuso sexual y violación continuada. Annie Altman ha acusado a Sam Altman de abusar sexualmente de ella y violarla entre 1997 y 2006. Afirma que el abuso sexual comenzó cuando ella tenía sólo 3 años y él 12

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Mientras el mundo habla de Irán, Trump aprovechó para liberar a Robert Morris, quién fue su consejero espiritual y pastor evangélico sionista en una megaiglesia en Texas, solo estuvo 6 meses en prisión tras abusar de una niña de 12 años.
El imperio de Epstein debe morir para que la humanidad pueda resurgir.


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Resulta que @samuel_garcias propone poner a trabajar a los abuelitos y personas con discapacidad barriendo calles para “merecer” apoyos sociales. Es el mismo pensamiento de @VicenteFoxQue y del PRIAN. Así de bruto: derechos convertidos en “gánatelo”. Clasismo puro.
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“𝐂𝐔𝐀𝐍𝐃𝐎 𝐌𝐀𝐓𝐀𝐍 𝐀 𝐋𝐀 𝐎𝐍𝐔… 𝐘 𝐋𝐎𝐒 𝐌𝐄𝐃𝐈𝐎𝐒 𝐆𝐔𝐀𝐑𝐃𝐀𝐍 𝐒𝐈𝐋𝐄𝐍𝐂𝐈𝐎”
Hay silencios que no son casuales.
Son decisiones editoriales. Son posturas políticas. Son complicidades.
El ataque de Israel contra cascos azules de la Organización de las Naciones Unidas en el Líbano —donde murieron tres elementos indonesios y otros resultaron heridos— no solo debería haber encendido todas las alarmas del sistema internacional; debería haber ocupado portadas, titulares y debates globales.
Pero no fue así.
Y eso es lo verdaderamente alarmante.
Porque cuando los medios callan ante un hecho de esta gravedad, dejan de ser observadores y se convierten en actores. Actores de una narrativa selectiva donde unas víctimas importan… y otras se invisibilizan.
Los cascos azules no son combatientes. Son, en teoría, el último símbolo de contención en un mundo que se desmorona. Representan la frágil idea de que aún existe un orden internacional basado en reglas. Atacarles —y que el responsable sea un Estado miembro como Israel— no es solo un crimen potencial: es un golpe directo a la credibilidad del sistema internacional.
Pero lo que debería provocar indignación global se diluye en el silencio mediático.
¿Dónde están las coberturas especiales?
¿Dónde están los paneles de expertos?
¿Dónde están las condenas editoriales que suelen aparecer cuando el agresor es otro?
La respuesta es incómoda: la indignación también se administra.
Y cuando se administra, pierde su valor moral.
No se trata de defender o condenar a un actor en automático. Se trata de exigir coherencia. Porque el derecho internacional no puede ser un menú a la carta donde se aplica con rigor a unos… y se relativiza con otros.
Si atacar fuerzas de paz de la ONU es inadmisible —como históricamente lo ha sido—, entonces debe ser inadmisible siempre. Sin excepciones, sin matices interesados, sin silencios estratégicos.
Lo contrario no solo erosiona la credibilidad de los medios.
Erosiona algo más profundo: la confianza en que todavía existen límites.
Y cuando esos límites desaparecen, lo que queda no es orden… es impunidad.
Hoy no solo está en juego la integridad de la ONU.
Está en juego la honestidad de quienes dicen informarnos.
Porque el problema no es solo lo que ocurre en el campo de batalla.
El verdadero problema es lo que se decide ocultar.
Espero sus opiniones por favor. Las opiniones nutren
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