


Toca suplicarle y besarle las botas al divino niño rey para que actúe en nombre de la gente. Porque claro, exigiéndole (como debería de ser) se ofende y te bloquea de una, de forma automática. Bueno, ni suplicándole sirve. En El Salvador hay oidos sordos para todo aquello que no vaya dentro de los intereses del hombre. El Salvador actualmente tiene un dueño, y se llama Nayib Bukele, que a su vez complace solamente a los intereses económicos, los suyos y los de siempre, porque los poderes económicos del país son los únicos que fueran capaces de sacarlo de ahí. Hay que mantenerlos contentos.























