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Lourdes
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Y un día cualquiera te das cuenta de que la vida, en realidad, no te estaba pidiendo tanto: ni tanto cansancio, ni tanto estrés, ni tantas preocupaciones, ni tanto sacrificio, ni tanta planificación. Solo te pedía que, con lo que hoy tienes y lo que hoy eres, seas lo más feliz que puedas ser. Eso es todo.
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Cuanto más sanamos, más pequeño se vuelve nuestro círculo interno de confianza. No porque no queramos conexiones, sino porque nuestra relación con nosotros mismos ha cambiado. Aprendimos a saborear la tranquilidad de la soledad y a reconocer con claridad quién nutre nuestra alma y quién perturba nuestra paz.
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Hay decisiones que tenemos que tomar y cambios que tienen que ocurrir. Hay personas que se tienen que ir y cosas que tenemos que soltar. Hay miedos que es necesario afrontar y nuevos comienzos que tienen que aparecer. Hay tiempos para respetar y momentos para aprovechar. Este es el tuyo: dale para adelante.
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Me gusta ir por la vida con esa sensación de que voy a poder, de que todo va a estar bien, de que aunque ahora no lo pueda ver, todo va a funcionar. Me gusta creer que el universo está de mi lado y que tengo el poder de crear el futuro que tanto sueño. Me gusta vivir así, estar así y confiar en mí.
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No pierdas la fe, no dejes de confiar. Mírate: date cuenta de lo fuerte que eres y del poder que tienes. Has pasado por un montón de cosas; tal vez varias que no merecías, pero siempre te sobrepusiste. Las heridas te hicieron abrir los ojos y ahora puedes ver las cosas hermosas que tiene la vida. Mereces ser muy feliz.
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La Templanza:
El arte de no romperse ni romperlo todo
La templanza no es frialdad.
No es apagar el fuego del corazón para parecer en control.
Es aprender a sostener la llama sin que te queme la mano… y sin incendiar la casa.
Es la virtud del equilibrio inteligente:
Saber que puedes sentir rabia… y elegir no explotar.
Saber que puedes desear con toda el alma… y aun así poner límites.
Saber que puedes amar profundamente… sin perderte en el otro.
En un mundo que premia el “todo o nada”, la templanza es revolucionaria.
Porque dice:
Puedo ser intensa sin ser destructiva.
Puedo ser suave sin ser débil.
Puedo tener pasión y seguir siendo soberana de mí misma.
Es el arte de la dosis justa:
Ni reprimir la emoción hasta que se pudra dentro,
Ni dejarla salir como tsunami arrasando todo a su paso.
La templanza es alquimia emocional:
Toma la ira y la convierte en asertividad,
Toma el miedo y lo transforma en cautela sabia
Toma el deseo y lo guía hacia creación en vez de consumo.
Los antiguos la llamaban una de las cuatro virtudes cardinales porque sostiene a las otras tres:
Sin templanza, la valentía se vuelve imprudencia,
la justicia se vuelve venganza,
la prudencia se vuelve parálisis.
Hoy, cuando todo nos invita a gritar más fuerte,
a consumir más rápido, a reaccionar en caliente,
la templanza es un acto de rebeldía silenciosa.
Es elegir respirar antes de responder.
Es permitirte sentir el enojo… y dejarlo pasar como nube.
Es decir “no” con ternura en vez de con guerra.
Es abrazarte a ti misma cuando el impulso te pide traicionarte.
La templanza no te hace menos viva.
Te hace más libre.
Porque quien domina sus impulsos, ya no es esclavo de ellos.
Y en ese dominio suave, casi invisible, nace la verdadera soberanía del alma.

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