
La visita que no supimos entender Un día, sin anuncio ni ruido, una luz cruzó el cielo y descendió suavemente sobre la tierra. De aquella nave desconocida bajaron seres distintos, pero no hostiles. Su mirada era serena, como quien ha visto paz durante mucho tiempo. Un grupo de humanos se acercó con curiosidad. —¿Cómo es la vida en su planeta? —preguntaron. Los visitantes se miraron entre sí y uno de ellos respondió: —Es tranquila… buena… en paz. Vivimos en armonía unos con otros. Los humanos, sorprendidos, insistieron: —¿Y a qué se debe eso? El extraterrestre hizo una pausa, como recordando algo importante. —No siempre fue así —dijo—. Hubo un tiempo en que nuestro mundo estaba dividido, lleno de conflicto, egoísmo y desorden. Pero un día llegó alguien… nuestro salvador. Su nombre es Jesús. Nos enseñó a vivir de otra manera, nos corrigió, nos guió… y cambió nuestro destino. El silencio se hizo entre los humanos. Uno de ellos preguntó, casi con cautela: —¿Jesús?… ¿El hijo de Dios? El visitante asintió con naturalidad. —Sí. ¿Lo conoces? El humano tragó saliva. —Sí… —respondió—. Él estuvo aquí también. Hizo lo mismo que describes. El extraterrestre abrió los ojos con asombro genuino. —Entonces… —dijo con una leve sonrisa—, ustedes deben vivir en una paz aún mayor que la nuestra. El humano no respondió. El visitante, intrigado, continuó: —En nuestro planeta, Él vuelve cada año a visitarnos, a recordarnos el camino. ¿También regresa cada año a la Tierra? El humano bajó la cabeza. El silencio ahora era distinto. Más pesado. —¿Vuelve? —insistió el extraterrestre. El humano levantó la mirada lentamente. Sus ojos ya no reflejaban curiosidad, sino una tristeza profunda. —No… —respondió en voz baja. —¿Por qué? —preguntó el visitante. Hubo una larga pausa. El viento parecía haberse detenido. Finalmente, el humano respondió: —Lo matamos… y aún no entendemos el daño que le hicimos… ni el que nos hicimos a nosotros mismos. El extraterrestre guardó silencio. No hubo juicio en su rostro, solo una profunda decepción. Sin decir más, regresó a su nave. La luz volvió a elevarse, perdiéndose en el cielo. Y en la tierra, quedó una pregunta suspendida en el aire: ¿Qué habría pasado si hubiéramos escuchado… en lugar de destruir? Juan Ortiz-Rencoret Director Ejecutivo PazparaChile Fundación





