
Uno aprende de la vida. Mi padre quebró en la crisis de los 80. Perdió hasta la camisa. Vendió nuestra casa, le arrendamos una casa a un tío, los gastos al suelo. Austeridad total. Muchos años después, tuve la patudez juvenil de criticarle su opción de pagar todas sus deudas, con un altísimo costo familiar, en vez de aducir su quiebra. Me dijo: Prioricé tu educación y la de tus hermanas (privada y cara); y a quienes les tenía que pagar, estaban igual que yo, priorizando sus familias. Hay que hacer lo correcto, aunque llores en silencio en las noches. Nunca se recuperó de la quiebra. Pero hoy nos tiene a nosotros.




























