Manuel Rodríguez
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Manuel Rodríguez
@Rodriguez8Manu
Fútbol, la vida en 90 minutos. De los grandes jugadores y, luego, del Barça. A veces me paso por @vloonk a soltar mis mierdas (mientras me dejen). Libertario.

Para las que recogen fresa en Huelva y descargan camiones en Mercamadrid por dos duros. Sois bienvenidas y bienvenidos en este país. Os queremos aquí, trabajando con nosotros y con derechos. Por fin, Regularización YA.



@FigaredoJoseM @CarlosHQuero @DiegoFdEG @Rodriguez8Manu Perolata infame: bajada agresiva de impuestos y moros fuera, que suena muy bien al boomer de la tasca, pero que al único que beneficia es al rentista y fondo de turno… Dejo ideas: Crédito dirigido, remigración (sin excepción),nacionalizar el mercado de primera vivienda…

CONTRA LOS IMPUESTOS Imaginemos por un momento una escena: un funcionario de la Agencia Tributaria irrumpe en vuestra casa y os exige entregar parte de vuestros ingresos bajo amenaza de sanción, multa o incluso prisión. ¿Podemos calificar esta acción de otra manera que no sea robo? La pregunta no es retórica ni trivial: si algo nos es sustraído por la fuerza, bajo coacción, debemos reconocerlo como tal. Esto es exactamente lo que ocurre con los impuestos. La discusión sobre su «necesidad» o su «justicia» no altera este hecho básico: el pago obligatorio bajo amenaza es, en esencia, un acto de apropiación forzada. A partir de esta premisa, conviene examinar las consecuencias sociales de la fiscalidad elevada. Como señala Juan Ramón Rallo, la intervención estatal mediante impuestos desincentiva la solidaridad directa y consciente. Antes, la ayuda se practicaba de manera personal: apoyábamos al vecino de toda la vida, al conocido que pasaba por dificultades, al compañero de trabajo necesitado. Hoy, el Estado asume ese papel y, al hacerlo, desincentiva la interacción social voluntaria y consciente. Al proveer asistencia generalizada a través de impuestos, el Estado crea la ilusión de que todos serán atendidos de manera impersonal, mientras que los vínculos comunitarios se debilitan y se incentivan los comportamientos asociales. Contrario a lo que algunos afirman, esto no es una consecuencia del liberalismo. Esta corriente coloca al individuo en el centro porque su defensa es lo justo, no para promover el aislamiento ni el egoísmo. El problema reside en la acción estatal: es el Estado, con su poder coercitivo y su promesa de «justicia social», quien promueve prácticas que desdibujan la responsabilidad individual y la solidaridad genuina. La llamada justicia social no es, en la práctica, ni justa ni social. ¿Por qué deberíamos confiar en que el Estado gestionará correctamente nuestros recursos, cuando todos conocemos los errores, ineficiencias y arbitrariedades de la gestión pública? El Estado no es una entidad abstracta benevolente, sino un conjunto de personas concretas que deciden a quién se destina nuestro dinero. ¿Qué legitimidad tienen estas personas para determinar a quién debemos ayudar? ¿Por qué no dejar que ese dinero permanezca en nuestros bolsillos, donde podemos decidir, con conocimiento directo, a qué prójimo concreto asistir? La solidaridad no debería ser un acto impuesto por decreto, sino una elección consciente del individuo. Esto no significa que se deba abolir toda tributación. Se pueden aceptar impuestos mínimos, destinados a cubrir situaciones extremas de necesidad: alguien que no puede pagar sus estudios a pesar de su esfuerzo, o un trabajador que queda incapacitado y necesita reintegrarse mediante formación. Pero más allá de estos casos puntuales, la idea de que los impuestos son un instrumento de justicia social es insostenible. En manos del Estado, más dinero no garantiza mayor bienestar ni verdadera equidad. La prueba está a la vista: la recaudación fiscal está en máximos históricos, pero todo funciona cada vez peor. Y si el Estado somos todos, ¿cómo es posible que haya tantas personas viviendo en la calle? Como decía, puede aceptarse la existencia de impuestos mínimos para necesidades reales, pero no nos cuenten cuentos ni nos vendan ilusiones. Ya estamos todos muy mayores, tenemos ojos y oídos, y sabemos distinguir lo que funciona de lo que no. Los impuestos, lejos de generar justicia social, reducen la libertad, erosionan la solidaridad y engordan un Estado que rara vez llega a quien realmente lo necesita. La opinión de Manuel Rodríguez (@Rodriguez8Manu).





La inmigración masiva tiene sus consecuencias y sólo tú las pagas.






@CarlosHQuero Creo que ya te lo he dicho alguna vez, y quizá me lo hayas leído, pero incluso en el supuesto de que se incrementara de forma muy significativa la construcción, ¿cómo podría absorberse la demanda si cada año se incorporan 600.000 nuevos demandantes de vivienda? Es imposible.


Happy Tax Day, New York. We’re taxing the rich.

@Rodriguez8Manu Y que si se pudiera tampoco sería deseable

🇪🇸🇮🇱 | El Coronel español Pedro Baños pide a los españoles que salgan a la calle a manifestarse contra Netanyahu.




