SEGÚN INFORMES OFICIALES DE PRINCIPIOS DE SIGLO, LOS DYAKS DE BORNEO ARRANCABAN EL CORAZÓN A LOS PRISIONEROS PARA COMÉRSELO CRUDO. ASÍ SE INFUNDIAN VALOR.
Durante algún tiempo, los nidos hechos de saliva de la salangana, un ave de Asia Meridional, eran arrancados de las rocas y comprados a altísimo precio por los chinos e hindúes, para echarlos en el caldo de gallina y carne.
En el norte de Inglaterra, desde el siglo VII hasta bien entrado el XII, a las mujeres protestonas o que se negaban a permanecer calladas, se les ponía una especie de bozal metálico sobre la cara y la boca, el acial, con una mordaza también de metal.
Las mujeres de Esparta, para probar el carácter de los recién nacidos, en vez de lavarlos con agua lo hacían con vino. Se creía que, si el niño era epiléptico o estaba enfermo, caía con convulsiones al contacto con esta bebida.
Durante algún tiempo la virginidad de la mujer estaba mal vista y se consideraba incluso peligrosa para la salud del marido. Por este motivo, en algunas partes de Oriente, los hombres ricos preferían desflorar a la novia con una barra de hierro.
Algunas profesiones fuera de la ley en la España del siglo XVII, en la jerga de momento, eran: grumete (ladrón de domicilios con escalo), devoto ( ladrón de cepillos en las iglesias), apóstol (especialista en ganzúas), campeador (ladrón de capas en plena vía pública).
Los vikingos, en sus incursiones, no dejaban títere con cabeza. Sin embargo, en el año 854, cuando Godofredo, jefe de los normandos del Loira, se encaminaba hacia el monasterio de Redon para saquearlo, se desencadenó una violenta tormenta.