Brenda Valenzuela Gil@BrendaValgil
Hoy, 5 de marzo, se cumplen CINCO LARGOS MESES de la desaparición forzada de mi hijo Carlos Emilio Galván Valenzuela.
El tiempo es tan relativo…
Para quienes viven su vida con normalidad, cinco meses pasan rápido.
Para mí, estos cinco meses se han contado en horas de angustia, días sin respuestas y semanas viviendo entre extorsiones y miedo.
Han sido cinco meses nombrando cada día a mi hijo, orando por él, buscándolo y aportando desde los primeros minutos en que entró a aquel baño en Terraza Valentinos toda la información y denuncias pertinentes.
Con el paso de los días y las semanas he pedido ayuda a las autoridades, públicamente y en las instancias correspondientes.
Y también he suplicado a quienes lo privaron de su libertad que me lo devuelvan, apelando incluso a la posibilidad de redimir errores, sin juzgar los motivos que pudieron llevar a alguien a actuar de esa manera, confiando en que aún puede prevalecer la humanidad y que mi hijo pueda regresar a casa.
El estado de Sinaloa me arrebató a mi hijo.
Y no solo eso: violentó mi derecho a la verdad y a la justicia, y violentó el derecho de mi hijo a ser buscado con la prontitud que requiere una vida en riesgo.
De las autoridades solo observé declaraciones públicas ambiguas, donde mi hijo, más que ser un objetivo prioritario de búsqueda, fue rodeado de comentarios que insinuaban que su desaparición pudo haber sido voluntaria.
Saber que, aun actuando con prontitud, nunca se aseguró el lugar donde fue visto por última vez, que no se preservó posible evidencia de lo que ocurrió esa madrugada, duele profundamente.
Peor aún: ese lugar nunca ha dejado de operar ni de recibir a más jóvenes como mi hijo.
Cuando se anunció que el caso sería atraído por la Fiscalía General de la República por ser de alta relevancia, también fue un golpe de violencia institucional.
Todo ese tiempo les tomó reconocer la gravedad de lo ocurrido.
Para las autoridades que tuvieron a su cargo investigar, esa atracción pareció más un alivio que una responsabilidad de rendir cuentas a esta madre que, con todo el dolor a cuestas, confió en que encontrarían a su hijo.
Autoridades federales, Con todo respeto les pido empatía y resultados.
Les ruego que no permitan que siga contando mis días en horas de angustia.
Les pido que mi hijo vuelva a casa.
Porque cinco meses privado de su libertad, para él, deben sentirse como minutos interminables.
¿Cómo se recupera el tiempo perdido?
¿Cómo se compensan los abrazos que le faltan a una familia?
¿Cómo se reparan las fechas que dejaron de tener significado?
¿Cuándo empezaremos a sanar el dolor y el trauma que nos ha causado esta desaparición?
¿Cuándo terminará la revictimización de tocar puertas e instancias sin respuestas?
¿Quién me va a responder por la ausencia de mi hijo?
Por piedad, ya no quiero contar un día más.
Sobrevivo para encontrarlo.
Mi hijo, yo, su padre, sus hermanos y toda su familia merecemos abrazarnos ya.
Díganme qué más tengo que hacer para que eso suceda.
En medio de esta espera tan dolorosa, también he podido ver algo que me sostiene cada día: la solidaridad de muchísimas personas.
Aunque no me es posible responder cada mensaje, he visto cómo el nombre de mi hijo desde cada rincón de Mexico, ha cruzado fronteras. Personas desde Brasil, Estados Unidos, Puerto Rico, Venezuela, España, Argentina, Islas Canarias y Colombia han enviado oraciones, palabras de aliento y gestos de empatía que acompañan esta búsqueda.
A todas ellas, gracias.
Sus oraciones, su voz y su presencia nos dan fuerza cuando el dolor pesa demasiado, gracias por ser una manifestación del
Poder de Dios a través de sus oraciones.
Por eso les pido algo más: no dejen de nombrarlo.
Cuando yo me sienta sin fuerza, cuando el silencio parezca imponerse, ayúdenme a que su nombre siga vivo.
Porque Carlos Emilio Galván Valenzuela merece volver a casa.
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#HastaEncontrarlo
#JusticiaParaCarlosEmilio
#NiUnoMás