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🚨 La escena de la supuesta detención de «El Cuervo», un miembro de la mesa alta de la MS13 que se convirtió en una muestra de poder de esa mafia frente al Estado, ilustra lo que pasa en Honduras, un país en donde no gobierna solo el poder formal.
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Es un día de febrero de 2025 y un grupo de hombres transita por la aldea El Ocotillo, en los linderos de San Pedro Sula, hasta que un operativo de la Policía Militar lo detiene. Los oficiales encañonan a los hombres con sus fusiles, los hacen bajar del vehículo y levantar los brazos. A punta de fusil, les piden identificarse; descubren que uno de ellos es Víctor Morales, un capo de la mafia MS13 conocido como «Cuervo», uno de los tres miembros de la «mesa alta», el grupo que dirige el funcionamiento nacional de esta mega estructura criminal.
Esa escena deja de ser cotidiana en poco tiempo cuando las autoridades –de ambos bandos– comienzan a hacer llamadas, las de la MS13 para movilizar sus refuerzos y las de la Policía Militar para salvarse de la situación. En pocos minutos, decenas de personas rodean a los policías para someterlos y desarmarlos.
Un año después, en febrero de 2026, me lo cuenta, uno de los jefes militares encargado del batallón de esa zona y me habla no de una captura sino de un rescate. «Les mandé todo el batallón, pero ahí la MS tiene todo controlado y no nos dejaron entrar», me dice este militar hondureño en el estacionamiento de una gasolinera en San Pedro Sula, cerca de la medianoche.
Este miembro de las Fuerzas Armadas, quien pidió no ser identificado por seguridad, cuenta que sus hombres rodearon la zona tratando de acorralar al capo y su grupo. Pero fue imposible llegar. Las calles angostas de El Ocotillo fueron selladas con buses, camiones y vehículos pick up. «Eso sí fue increíble, Juan, la gente nos cruzaba frente a nosotros los buses, les apuñalaban las llantas y salían corriendo.
Qué amor les deben tener a esos hijos de puta para hacer eso… o qué miedo». Al final de la tarde, el oficial se pudo comunicar con la gente del capo y negociar. Retiró las tropas y «Cuervo» regresó a sus rehenes: el grupo de policías militares. El oficial me dice que, pese a todo, la operación fue un éxito.
—¿Capturaron al Cuervo? —le pregunto.
—¡Nombre! Logramos recuperar a los policías, pero eso sí, conseguimos que nos devolvieran hasta los fusiles—me responde orgulloso.
La MS13 le apuesta a la mesura, a caminar sin hacer ruido, como un animal grande que quiere pasar por ratón. Hasta que alguien le muerde…
El 27 de enero de 2026, Nasry Asfura asumió la presidencia de Honduras con la misión de reflotar al país en una región convulsa; sin embargo, no asume en un vacío de poder. En gran parte del territorio nacional, la Mara Salvatrucha (MS13) ha dejado de ser una pandilla callejera para transformarse en una megaempresa criminal que funciona como un gobierno de facto. Esta estructura no solo controla economías ilícitas, sino que organiza la vida cotidiana de los ciudadanos.
La metamorfosis de la MS13 hacia un modelo de mafia empresarial se aceleró bajo el liderazgo de Yulan Adonay Archaga Carías, alias «Porky». Desde 2015, cuando gobernaba Juan Orlando Hernández, expresidente y exconvicto, la organización apostó por abandonar la extorsión sistemática a pequeños negocios y al transporte público para centrarse en la venta interna de cocaína y el lavado de activos. Hoy, la MS13 es dueña de empresas de buses, lavaderos de carros e incluso clínicas, utilizando el capital para comprar voluntades en el poder, alejándose de la imagen del pandillero tatuado para convertirse en «los señores» o «la familia».