Marta 리트윗함
Marta
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“La vida puede venirse abajo con tal facilidad… Todo puede cambiar en un instante. La sensación de la fragilidad de la vida me persigue sin descanso. Me contagia una gran alegría —la de estar vivo— y, al mismo tiempo, un miedo atroz: por el hecho de poder perder con tanta facilidad a la gente que queremos”.
Paul Auster

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"Ya escondí un amor por miedo de perderlo. Ya perdí un amor por esconderlo. Ya me aseguré en las manos de alguien por miedo. Ya he sentido tanto miedo, hasta el punto de no sentir mis manos. Ya expulsé a personas que amaba de mi vida, ya me arrepentí por eso. Ya pasé noches llorando hasta quedarme dormida. Ya me fui a dormir tan feliz, hasta el punto de no poder cerrar los ojos. Ya creí en amores perfectos, ya descubrí que ellos no existen. Ya amé a personas que me decepcionaron, ya decepcioné a personas que me amaron.
Ya pasé horas frente al espejo tratando de descubrir quién soy. Ya tuve tanta certeza de mí, hasta el punto de querer desaparecer. Ya mentí y me arrepentí después. Ya dije la verdad y también me arrepentí. Ya fingí no dar importancia a las personas que amaba, para más tarde llorar en silencio en un rincón. Ya sonreí llorando lágrimas de tristeza, ya lloré de tanto reír. Ya creí en personas que no valían la pena, ya dejé de creer en las que realmente valían. Ya tuve ataques de risa cuando no debía. Ya rompí platos, vasos y jarrones, de rabia. Ya extrañé mucho a alguien, pero nunca se lo dije.
Ya grité cuando debía callar, ya callé cuando debía gritar. Muchas veces dejé de decir lo que pienso para agradar a unos, otras veces hablé lo que no pensaba para molestar a otros. Ya fingí ser lo que no soy para agradar a unos, ya fingí ser lo que no soy para desagradar a otros. Ya conté chistes y más chistes sin gracia, sólo para ver a un amigo feliz. Ya inventé historias con finales felices para dar esperanza a quien la necesitaba. Ya soñé de más, hasta el punto de confundir la realidad. Ya tuve miedo de lo oscuro, hoy en lo oscuro me encuentro, me agacho, me quedo ahí.
Ya me caí muchas veces pensando que no me levantaría, ya me levanté muchas veces pensando que no me caería más.Ya llamé a quien no quería sólo para no llamar a quien realmente quería. Ya corrí detrás de un carro, por llevarse lejos a quien amaba. Ya he llamado a mi madre en el medio de la noche, huyendo de una pesadilla. Pero ella no apareció y fue una pesadilla peor todavía. Ya llamé a personas cercanas de "amigos" y descubrí que no lo eran... a algunas personas nunca necesité llamarlas de ninguna manera y siempre fueron y serán especiales para mí...
No me den fórmulas ciertas, porque no espero acertar siempre. No me muestren lo que esperan de mí porque voy a seguir mi corazón! No me hagan ser lo que no soy, no me inviten a ser igual, porque sinceramente soy diferente! No sé amar por la mitad, no sé vivir de mentira, no sé volar con los pies en la tierra. Soy siempre yo misma, pero con seguridad no seré la misma para siempre!"
Clarice Lispector

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✍️Se ha revelado la identidad de Banksy. Robin Gunningham, natural de Bristol y de 51 años. Os recomiendo esta extraordianria pieza de Reuters sobre la investigación para revelar su identidad. Maravilloso reportaje.
reuters.com/investigates/s…
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EL ANTES VS EL AHORA
Antes la vida iba con menos control remoto. Quedabas “a las seis en la fuente” y eso era un contrato verbal sagrado. No había “te mando ubicación”, “llego en 7 min”, “estoy aparcando” cuando todavía estás en casa con el abrigo puesto. Si alguien no venía, te comías la espera mirando el reloj como si fueras guardia suizo… y luego te ibas con dignidad y una frase mítica: “me dejó plantado”. Ahora es peor: no te dejan plantado en una plaza, te dejan plantado en el chat, que es como que te ignoren pero con recibo de lectura. El “visto” es el nuevo “paso de ti”, pero con tecnología y depresión.
Antes, si querías saber algo y nadie lo sabía, se decía: “ni idea”. Y no pasaba nada. El mundo seguía girando igual. Hoy, si no sabes el nombre de un actor secundario, tu cerebro entra en modo “no puedo vivir así” y te ves a las tres de la mañana investigando como un detective: pestañas abiertas, anuncios, foros, un vídeo de “10 curiosidades del reparto”… y al final lo encuentras y dices: “ya está”. ¿Te aporta algo? No. ¿Te quitó sueño? Sí. ¿Lo recordarás mañana? Tampoco. Pero oye, la ansiedad va servida.
Antes elegir una peli era fácil: había lo que había. Videoclub, carátulas, “esta no, esta ya la vi”, y te llevabas la que quedaba. Y lo vivías. Ahora tienes 400 plataformas, 12.000 opciones y tardas 40 minutos en decidir para acabar viendo lo mismo otra vez, porque el exceso de elección no te da libertad: te da parálisis. Y encima la tele te pregunta “¿sigues ahí?”. ¡Claro que sigo! Si no me he movido en una hora, pero por estrés, no por relax.
Antes la música se “cazaba”. Grababas de la radio y te quedaba el locutor encima: “¡Y ahora…!” y tú: “¡Cállate!” Pero esa cinta era tu tesoro. Ahora tienes toda la música del planeta y te pasas la vida saltando canciones porque “no es mi mood”. ¿Qué mood? ¡Si estás doblando calcetines! Antes doblabas con lo que sonara y ya. Ahora necesitas una playlist llamada “doblar ropa pero con autoestima”.
Antes hacías pocas fotos y eran recuerdos de verdad. Se revelaban, se guardaban, se miraban. Hoy haces 200 fotos en una tarde, las editas, las subes, y mañana ni te acuerdas. Las fotos ya no son memoria: son certificado de presencia. “Mirad qué bien estoy.” Y luego te sale un “recuerdo” en el móvil y te mete una puñalada emocional: “¿Te acuerdas cuando eras feliz?” Gracias, aplicación, muy terapéutica, sí.
Antes el aburrimiento era creativo. Te aburrías y te inventabas algo: salir, llamar, jugar, pensar, mirar al techo. Ahora el aburrimiento dura tres segundos: aparece y lo matas a scroll. Vídeos cortos, memes, recetas con música épica, gente bailando… y tú consumiendo estímulos como una aspiradora. Luego “no me concentro”. Normal: tu cerebro ya no camina, hace zapping.
Y ojo, no digo que antes todo fuera mejor. Antes también había historias: esperar al fontanero como si fuera una aparición, pelearte con el módem, perderte por no tener GPS… Pero había algo que sí era mejor: el ritmo humano. Había huecos, silencio, paciencia. Ahora lo tenemos todo más rápido, más cómodo, más conectado… y vivimos con prisa incluso sentados en el sofá.
La sensación es esa: antes usábamos las cosas. Ahora las cosas… nos usan a nosotros. Y a veces lo más moderno que puedes hacer es lo más antiguo: apagar el móvil un rato, quedar “en la fuente” como si fuera 1998 y recordar que, sorprendentemente, también se puede vivir sin notificaciones.
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Dijo una vez Andrew Garfield: "De repente, fallecen tus padres y te llega una crisis. Los deseos, las necesidades y las prioridades cambian. Te das cuenta de que nada es permanente y que la vida no espera. La única forma de seguir adelante es aceptar el dolor, dejar que te transforme y retomar el control. Porque al final, lo único que realmente tenemos es el amor que damos y la manera en que decidimos vivir cada día".

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