Gustavo Quintero
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Gustavo Quintero
@GEQuinter
1.-Ciudadano. 2.-Respeto el semáforo. 3.-Cruzo la calle por el rayado peatonal. 4.-Escucho antes de hablar. Nada de lo anterior, me hace extraterrestre.


La decisión asumida por la selección venezolana de béisbol de no asistir al Palacio de Miraflores, después de haber ganado el Campeonato Mundial de béisbol, es una manifestación de coherencia y dignidad que debe ser tenida en cuenta y con el debido rigor. El hecho de que solamente se envíe el trofeo que los distingue como campeones pone muy clara la separación que existe entre la victoria deportiva y la narrativa política del momento. Esa decisión es la demostración de que el deporte puede y debe servir para el encuentro y no como una mercancía exportable en pro de las posiciones del régimen. Los jugadores están muy conscientes de que la victoria es un patrimonio de todos los venezolanos; por consiguiente, fueron cuidadosos para que la gesta atlética pueda tener un destino por encima de propaganda política. Son grandes no solo por su desempeño en “el diamante”; son grandes porque son grandes “fuera del diamante”.





















Con su primera coronación como campeona del Clásico Mundial de Beisbol, que incluye clasificación olímpica sin precedentes para la pelota, Venezuela cristaliza la mayor de todas sus hazañas deportivas en disciplinas de conjunto y tal vez la más ansiada por la sociedad


















