Tere Felipe@_TereFelipe_
Cuba necesita petróleo con urgencia, es lo que más necesita ahora. Pero no solo petróleo. Necesita también coherencia histórica, coraje político y una solidaridad que no se agote en los discursos. Necesita, sobre todo, que aquellos gobiernos, en particular los de América Latina, que durante años se presentaron como heraldos de la dignidad frente al poder imperial, estén hoy a la altura de sus propias palabras.
Necesita del Petro que marchó en Nueva York por Palestina, en el corazón mismo del imperio, y no al mandatario que hoy guarda silencio ante la asfixia sistemática de Cuba, como si hubiera olvidado que esta isla le abrió en La Habana un espacio decisivo para pensar y negociar la paz de Colombia.
Necesitamos al Lula que visitó la casa de Fidel y habló de amistad, de gratitud y de solidaridad entre pueblos; al Lula perseguido y encarcelado por una derecha que quiso aniquilarlo políticamente. No al que hoy parece incapaz de pronunciarse con claridad ante el sufrimiento de un país que ha resistido, prácticamente en soledad, décadas de castigo y hostilidad.
Cuba necesita petróleo, sí. Pero necesita también algo más profundo; una reacción moral y política frente a la impunidad con que se intenta doblegar a un pueblo entero. Resulta imposible no advertir la tristeza de tantos silencios. Italia, a la que Cuba tendió la mano con médicos en uno de los momentos más dramáticos de la pandemia. Sudáfrica, cuya lucha contra el apartheid contó con el apoyo decisivo de la Revolución cubana. España, marcada en su historia por exilios, derrotas y acogidas, y que también encontró en Cuba un territorio de hospitalidad.
Y están, además, Rusia y China, potencias que invocan con frecuencia la necesidad de un orden internacional distinto, menos subordinado al poder unipolar, pero que frente a la urgencia concreta de Cuba tampoco han hecho lo que su peso político e histórico les permitiría hacer. En los momentos decisivos, la retórica geopolítica vale poco si no se traduce en actos.
Cuba necesita petróleo. Pero necesita también memoria. Necesita que la comunidad internacional, y en especial aquellos gobiernos que han hecho de la soberanía y la justicia un emblema, abandonen la comodidad de la ambigüedad. Porque hay omisiones que, en determinadas circunstancias, terminan siendo una forma de complicidad.