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@elonmusk He was sending his love with his hand, so many people are taking his hand gesture out of context.
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A nuestros panas en Venezuela: tras los sucesos ocurridos posteriormente a las elecciones presidenciales del 28 de julio y las numerosas denuncias de bloqueo y censura, les ofrecemos acceso gratis ampliado (30GB de datos mensuales) a Windscribe VPN. Resguarden su privacidad y seguridad mientras sigan conectados con sus seres queridos y el mundo exterior usando el código GUARIMBA

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@LuisChataing Así Enrique Márquez, cuando tenían los votos, Jorge Rodríguez nos restregabas las actas
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En pro de que nadie borre o desaparezca la prueba de lo que estamos viviendo como país, hemos creado el Museo Digital de la Vergüenza Nacional, un Drive con videos de las declaraciones más dantescas del régimen. Lo actualizaremos poco a poco:
🫂bit.ly/4c9e8is
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@broseph_stalin 1st of all: free Palestine. 2nd: you have no idea of what you’re talking about (you’re a fucking asshole)
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Cuando el misionero Francisco Álvares llegó a la capital del Imperio Etíope, se encontró con un edificio imposible:
Una iglesia subterránea, pero no escondida ni excavada; ESCULPIDA DE UNA SOLA PIEZA EN UN ÚNICO Y COLOSAL BLOQUE DE ROCA.
Esta es la historia: En 1520, el explorador portugués Pêro da Covilhã fue invitado por el emperador etíope Dawitt II a dar un paseo por la capital de su reino.
A Pêro da Covilhã le acompañaba el misionero Francisco Álvares, quien hacía las veces de embajador y notario de la visita. Asombrado hasta la incredulidad, Álvares tomaba notas y hacía dibujos de lo que a duras penas era capaz de creer pese a que lo tenía delante.
Tras atravesar varios pasajes estrechos en la montaña, la comitiva llegó a un claro donde se erigía esculpida una gran cruz que era una iglesia y, a la vez era, inequívocamente, un signo de la existencia de Dios.
Los etíopes lo llamaban Biet Ghiorgis: la Casa de San Jorge.
Álvares no daba crédito. Todo estaba esculpido en un mismo bloque de roca basáltica. Todo. La fachada, la cubierta, la decoración, el interior. Todo.
¿Quién había hecho eso? ¿Quién había tenido la voluntad, la fuerza y el tesón de construir —de tallar— semejante maravilla? "Fueron los ángeles y el Santo Gebre Mesqel. Lo hicieron en una sola noche, hace cuatrocientos años" respondió Dawitt, orgulloso. Y comenzó a contar una historia:
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En el año de nuestro señor de 1187, nuestro gran emperador, Gebre Mesqel Lalibela, rezó durante cien días y cien noches para que se le concediera la gracia de visitar Jerusalén, la ciudad santa, que en aquel entonces estaba tomada por infieles.
Al cabo de todo ese tiempo, una mañana plácida, las nubes se abrieron y del cielo descendieron veinte ángeles. "Te concederemos un deseo mejor, rey. Pues antes que rey, eres el mayor de los cristianos. Te ayudaremos a construir una Nueva Jerusalén aquí, en Roha".
Y esa misma noche, los ángeles, bajo la dirección del emperador Lalibela, esculpieron en la roca once iglesias a mayor gloria de todos los santos. Al día siguiente, el pueblo etíope se rindió a la magnificencia de las iglesias y la ciudad de Roha fue bautizada con el nombre del emperador. La capital del imperio etíope se llamaría, de una vez y para siempre, Lalibela.
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El misionero Francisco Álvares era un hombre piadoso, pero eso de que las once iglesias se hubiesen esculpido de la noche a la mañana, y con mano de obra angelical le sonaba un poco raro. Así que preguntó y repreguntó sobre la verdad de las iglesias esculpidas y lo máximo que sacó de unos cuantos párrocos etíopes es que no se habían construido en una noche, sino a lo largo de 24 años. Eso sí, lo de los ángeles era cierto.
Álvares no le apetecía mucho dar fe de la intervención divina en el asunto, por si acaso la curia no se lo tomaba a bien, ya sabéis. Así que dejó más o menos claro que lo de los ángeles era una leyenda. También dejó claro es que las iglesias existían y eran tan asombrosas que desafiaban a la razón: "No quiero escribir más sobre estos edificios porque me parece que no me creerán si escribo más... Juro por Dios, en cuyo poder estoy, que todo lo que he escrito es la verdad".
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Cinco siglos después de la visita de Francisco Álvares, las iglesias de Lalibela siguen allí, intactas. También la imposible Casa de San Jorge.
Aunque se han realizado estudios arqueológicos contemporáneos, no se ha podido precisar con exactitud cómo se construyeron. Solo que se esculpieron con martillos y cinceles.
Empleando únicamente martillos y cinceles.



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