Alonso Pérez 리트윗함
Alonso Pérez
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Alonso Pérez
@ccraken
Cirujano Vascular. Lector voraz. Cinéfilo. De Izquierda por convicción. Vascular Surgeon living between Cancun, Guadalajara and Mexico City
Cancún, Quintana Roo 가입일 Ocak 2010
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NUNCA OLVIDAR 🇲🇽🤣
Cuando unas señoras estaban manifestándose afuera del Palacio de Gobierno en Morelos… pero nadie salía a atenderlas.
¿Y qué hicieron?
Sacaron unos chiles secos y los empezaron a asar ahí mismo, frente a la reja. 🌶️🔥
Los de seguridad intentaron apagarlo pero el humo ya se había metido.
A dentro no paraban de toser.
Tota, no les quedó de otra más que salir a atenderlas. JAJA
México siendo México.

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👉🏻Los astronautas abordo @NASAArtemis experimentarán mayor radiación y aceleración que quienes habitualmente viajan a la Estación Espacial Internacional 🛰️
Hay mucho que aprender de la salud en este viaje a la Luna; es una misión histórica y un reto para la fisiología humana!🙏🏻
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🇮🇷 IRÁN SE DIRIGE A ISRAEL — EN HEBREO!!!!
Ibrahim Zolfaqari, portavoz de la sede central de Khatam al-Anbia de Irán, lee el capítulo 22 del Libro de Ezequiel:
«Oh ciudad que derramas sangre en medio de ti, te has vuelto culpable por la sangre que has derramado. Has hecho que tus días se acerquen y has llegado al final de tus años. Por eso te he convertido en oprobio para las naciones y en burla para todos los países.»
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🚀🌏🙏 El astronauta Victor Glover, piloto de la misión Artemis II, compartió un hermoso mensaje con el mundo a través de sus profundas reflexiones espirituales desde el espacio durante la Semana Santa.
“Tan lejos de la Tierra, contemplando la inmensa belleza de la creación…”
“Cuando leo la Biblia y descubro todas las maravillas que fueron hechas para nosotros… este lugar es simplemente asombroso”.
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@ChocogatoRacing Es el punto. La gente dice cada estupidez con una seguridad que asusta.
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Dos veces me han interrumpido mis alumnos para corregirme. Las dos veces, en diabetes e insulina. Las dos veces, con la misma seguridad. Y las dos veces, con el paradigma al
revés.
La primera: que el término correcto para glucosa capilar es dextrostix.
Aclaro.
Dextrostix es una marca registrada de tiras reactivas, como Kleenex lo es de pañuelos desechables, o como Eppendorf lo es del microtubo de centrífuga. El término clínico es glucemia capilar.
La segunda: que la insulina no se usa en el embarazo porque causa malformaciones, y que debe preferirse una sulfonilurea. Sucede exactamente lo contrario. La insulina es el agente de elección en la gestante con diabetes precisamente porque no cruza la barrera placentaria en cantidades significativas. Las sulfonilureas, en cambio, sí la atraviesan, y su principal riesgo en ese contexto es la hipoglucemia neonatal.
Quien lo afirmó escuchó algo, lo procesó al revés, y lo repitió con convicción.
Lo que se escucha viaja rápido.




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En una calle discreta de Osaka, lejos del ruido de los neones y las multitudes, existía un lugar que no salía en las guías turísticas.
No había televisores encendidos.
No había prisas.
Solo silencio… y un sonido suave, constante, casi hipnótico.
Ronroneos.
La llamaban “La Casa de los Maullidos”.
Pero ese nombre no explicaba nada.
Allí vivían más de treinta gatos rescatados… y un grupo de ancianos que, en lugar de esperar el final, habían vuelto a empezar sin darse cuenta.
Todo cambió el día que Renji Sato dejó de hablar.
Tenía noventa y un años y una vida entera a sus espaldas. Había sido carpintero. Padre. Esposo. Y, desde hacía unos meses… un hombre vacío.
Desde que su mujer murió, no volvió a decir una sola palabra.
Se sentaba cada mañana frente a la ventana, mirando un punto que nadie más veía. Ni médicos, ni cuidadores, ni su propia familia lograban atravesar ese silencio.
Hasta que una tarde, con la lluvia cayendo lenta sobre el patio, algo ocurrió.
Un gato apareció en la entrada.
Empapado. Delgado. Desconfiado.
Uno de los cuidadores intentó espantarlo.
—Fuera, venga… aquí no puedes estar.
Y entonces, sucedió.
—Déjalo.
La voz fue débil, pero firme.
Todos se giraron.
Renji estaba de pie.
—Déjalo entrar —repitió.
El silencio cambió de forma.
El gato cruzó el umbral con cautela. Caminó despacio. Se acercó… y se acurrucó junto a sus pies como si siempre hubiera pertenecido allí.
Renji lo miró durante unos segundos.
Y susurró:
—Te llamaré Kaze… porque llegaste como el viento.
Desde ese día, algo invisible empezó a moverse dentro de él.
No fue inmediato.
No fue milagroso.
Pero fue real.
Comenzó hablándole al gato.
Frases sueltas.
Palabras pequeñas.
—Hoy hace frío, ¿eh?
—No te muevas tanto…
Después, empezó a responder cuando le hablaban.
Luego, a preguntar.
Y un día… a reír.
La directora del centro, una mujer llamada Hana, lo observaba todo en silencio.
Hasta que un día reunió al equipo.
—No es el gato —dijo—. Es lo que despierta.
Nadie entendió al principio.
Pero ella sí.
—Traigamos más.
Lo que en cualquier otro lugar habría parecido una locura, allí se convirtió en una decisión.
Contactaron con refugios.
Y empezaron a llegar.
Uno a uno.
Gatos heridos.
Gatos abandonados.
Gatos que nadie quería.
Y, curiosamente, cada uno encontraba a alguien.
La señora Emiko, que llevaba meses sin dormir, empezó a descansar cuando un gato gris se acurrucaba sobre su pecho cada noche.
—Es como si supiera cuándo tengo miedo —decía.
Takeshi, un antiguo músico que no tocaba desde hacía años, volvió a coger su instrumento.
—Mira —le decía a su gato—, esto te gusta, ¿verdad?
Y tocaba.
Y el gato cerraba los ojos.
Y algo dentro de él también se cerraba… y se calmaba.
Incluso aquellos que ya no recordaban nombres… recordaban caricias.
Porque hay memorias que no viven en la mente.
Viven en el cuerpo.
Una periodista escribió sobre ellos.
Después llegaron voluntarios.
Visitantes.
Curiosos.
Pero todos salían con la misma sensación:
Había algo allí que no se podía explicar.
En la entrada, alguien colgó un cartel.
“No los rescatamos. Nos rescatamos juntos.”
Renji vivió varios años más.
Ya no volvió a quedarse en silencio.
Siempre estaba Kaze.
Siempre había alguien.
El día que murió, el gato no se separó de su silla.
Durante horas.
Durante días.
Hasta que una mañana… simplemente desapareció.
Nadie volvió a verlo.
Pero en el jardín, junto a un banco donde Renji solía sentarse, apareció algo extraño.
Una pequeña pluma blanca.
Y una flor de cerezo, fresca… como si alguien acabara de dejarla.
Hana la observó en silencio.
Y susurró:
—Algunos vínculos no se rompen… solo cambian de forma.
Desde entonces, la casa sigue allí.
Y si entras en silencio…
si te quedas un poco más de lo normal…
puede que lo sientas.
Ese momento en el que algo dentro de ti, sin saber por qué… se afloja.
Y recuerdas que, a veces, no hace falta entenderlo todo.
Solo… volver a sentir.

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