Daniel Belfior

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España 가입일 Mayıs 2020
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Daniel Belfior
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Love is like a dream...
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El hombre desea sentirse necesitado, mientras que la mujer necesita sentirse deseada, este es el motivo por el cual tanto hombres como mujeres nunca dejan de malentenderse, sus deseos difieren entre sí de una forma radicalmente opuesta, lo cual a su vez los hace compatibles.
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Daniel Belfior
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And live as if the cell phone had never existed*
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Ruta por el Medievo
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La Catedral de Sevilla en 1738. Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla.
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Daniel Belfior
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Feliz Nochebuena a todos. *Árbol de Navidad en la Plaza de San Francisco, Sevilla (años sesenta).
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Daniel Belfior
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@RevenRV La pregunta es cuántos muertos debe esconder en el armario una persona para verse obligada a mostrarse de esa manera de forma constante.
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Magical Spain
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Women of Montehermoso, Cáceres. Cultural heritage is priceless.
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Daniel Belfior
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Estoy completamente de acuerdo. A propósito de la naturaleza real del conservadurismo, examinado pertinentemente como ideología antisustancialista (lo que a mi juicio es el objeto en cuestión) me gustaría destacar lo siguiente. El lucero del alba encuentra en la dimensión antisustancialista de la libertad (es decir, libertad entendida como causa final en lugar de causa eficiente) el medio perfecto para suspender toda pulsión de sentido proveniente del logos en la política (secular), lo cual anula toda verticalidad y se afirma una inmanencia estructural de caracter axiológico, sin telos, ni dirección, lo que permite operativizar las ideologías en virtud una matriz, el liberalismo. El liberalismo es el modelo de dominación más polivalente y perfeccionado que existe, hasta tal punto que es capaz de absorber y reinterpretar axiológicamente los distintos modelos y agentes políticos en virtud de su nuevo fin, lo cual da lugar al hecho de que tanto conservadores como progresistas puedan mantener una relación especular y contraria en sus términos (medios, formas, símbolos), en la superficie, mientras en un sentido estrictamente antisustancialista, coinciden en el fondo. Sin excepción sustituyen el principio por el procedimiento y el orden por el pacto. Convertir la libertad en un fin absoluto sacrifica toda noción de orden no intramundano (anterior y trascendente a la voluntad), lo cual disuelve cualquier principio normativo metafísicamente sustancialista. De tal manera, el conservador actúa como agente estabilizador de lo que dice combatir, no por cobardía (lo cual sería una excusa más digna) sino por su adhesión injustificadamente dogmática a una legalidad que ha sustituido la ley por el reglamento, y lo sagrado por lo inmanente, vease en la cuestión constitucional y la postura que adopta el ala conservadora. La libertad antisustancialista es, por lo tanto, el principio rector de las ideologías y sistemas políticos contemporáneos. Libertad contraria al orden del ser, que no obedece el principio constitutivo de la realidad y que, por ello, opera con un régimen de predicados distinto, donde la realidad se vuelve reductible a lo empírico y lo ético a lo pragmático. Así niegan los fundamentos apodícticos de lo real y los suplantan por consensos artificiales. Esto solo es posible gracias a la axiología, la cual permite la articulación de sus modelos "políticos" en forma de ortogramas (esquemas de valor abstracto separados del ser), no es casual que el lenguaje esté plagado de apelaciones al "sentido común", a la “normalidad”, "igualdad", "tolerancia" o a la "moderación", valores que se articulan como formas estéticas del vacío cuando no se fundan en una noción ontológica del ser. Abro cita: «Los valores son irracionales porque, al no depender del ser ni de los entes, tampoco dependen de la verdad. Pero los entes son cognoscibles o verdaderos porque tienen ser, como entiende santo Tomás: Ens et verum convertuntur. Los valores, al no tener ser, no pueden ser ni verdaderos ni, en consecuencia, cognoscibles; no están en la realidad ni pueden ser aprehendidos por el intelecto.» - Mn. Jaime Mercant Simó: La tiranía de los valores y el olvido de las virtudes. La anomia es tan solo la consecuencia directa de la asimilación de ortogramas ideológicos fundamentados en estructuras axiológicas. Para el conservador, la prudencia, virtud que exige discernimiento respecto de los fines, ha sido reemplazada por un cálculo servil en torno a lo posible dentro del marco institucional impuesto por sus "enemigos". A eso lo llaman gobernabilidad, lo "razonable", pero no es otra cosa que capitulación maquillada de sensatez, una forma baja de asimilación del consenso cuya ética solo puede ser la de la obediencia al statu quo. A mi juicio, la progresiva desligitimación del modelo civilizatorio occidental, el catolicismo, su impedimento al retorno al poder como eje de resistencia externa (en un sentido político) y la radical negación de sus principios, son clara evidencia de este fenómeno. «En la época renacentista, al aparecer y consolidarse el Estado, el orden político empezó a independizarse del orden natural como un orden artificial con su propia verdad, y lo Sagrado empezó a dejar de legitimar lo Político y la política. La estatalidad atrajo hacia sí toda la actividad propiamente política, que tendió a concentrarse en torno suyo. Siguiendo su propio camino influyó sobre el éthos social y el Derecho natural tradicionales. Y a medida que crecía, también sobre la actividad social. En su etapa final, todas las actividades se concentran prácticamente en torno al orden artificial del Estado, autolegitimado por su Poder. Esto plantea en toda su crudeza el tema de la legitimidad, pues la legitimidad, el reconocimiento o aceptación social, se fundamenta siempre, en último análisis, en una instancia distinta a la de lo legitimado, en que se cree y Y lo Político y la Política, que proceden de lo Sagrado, la localización de lo Divino, sólo pueden legitimarse a partir de una instancia religiosa, pues la religión se refiere a lo Divino, que como la última realidad, la realidad de realidades, es por tanto la fuente decisiva de las legitimaciones. Por eso la legitimidad, que justifica la exigencia de obediencia por parte del que manda en nombre del poder, va de abajo hacia arriba, del éthos del pueblo, como depositario del poder, hasta llegar al Gobierno o Estado. Si se rompe la conexión, los actos del poder político son o pueden ser ilegítimos. Esto sucede cuando se considera el poder, todo el poder, propiedad del pueblo. En este caso se atribuye a la democracia, sacralizándola, la capacidad de ser la fuente de las legitimaciones. Pero atribuirle semejante capacidad no significa que la tenga.» - Dalmacio Negro Pavón: Historia de las formas del Estado. A lo que cabría añadir que cuando la política renuncia a su sacro y justo telos, no deviene neutral, sino servil al lucero del alba. Y es precisamente en esa servidumbre donde se incuba la tiranía que nadie verá venir, en nombre de la libertad. D. Belfior

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