La frase "ya nadie quiere trabajar" es para cagarse de risa...
O sea, no amigo, la gente no quiere:
- Pasar dos horas al día transportándose
- Perderse cómo crecen sus hijos
- Sacrificar toda su vida por el alquiler
- Que les despidan sin previo aviso
- Trabajar 50 horas por el sueldo de 40
Hay que arreglar el sistema, no a los trabajadores.
amiga, Claude ahora puede entrar a tu computador, abrir tus aplicaciones, navegar por tu navegador, rellenar hojas de cálculo, y todo lo que harías tú sentadota en tu escritorio.
El fin ha llegado.
De nuevo la misma perdida en el mismo lugar hace una semana! Es posible que lo arreglen de forma definitiva por favor inunda toda la calle Santa Cruz @LuiferBernal
Epstein, “blat” y cómo funciona realmente el poder en Paraguay.
El caso Jeffrey Epstein no es solo un escándalo de pedofilia. Es, sobre todo, un caso de gobernanza paralela. Para entenderlo sirve una palabra rusa del período soviético: “blat”. El término refiere al uso de redes personales para obtener bienes, favores o impunidad por fuera de los procedimientos formales. No es corrupción ocasional, es un modo de funcionamiento del poder.
En los Estados soviéticos, las reglas existían pero nadie creía realmente en ellas. Cumplir la ley no garantizaba nada. Lo que importaba era a quién conocías, quién te debía favores y qué redes te incluían. Esquivar el sistema no era una anomalía: era el sistema mismo. Epstein cumplía exactamente ese rol en Estados Unidos. No era solo un financista ni un delincuente sexual, sino un intermediario entre múltiples burocracias públicas y privadas: política, negocios, academia, inteligencia y sistema judicial. Su función era conectar actores poderosos para que pudieran operar por fuera de las restricciones legales y los conflictos de interés que rigen para el resto de la sociedad.
Los delitos sexuales fueron parte del esquema, pero no lo definen por completo. Tan estructural como eso fueron los favores aparentemente menores: contactos, protección legal, financiamiento, acceso a recursos, viajes, cargos, oportunidades. Todo aquello que no puede conseguirse siguiendo los canales formales. Epstein no gobernaba dando órdenes; gobernaba conectando. Hacía posible que una élite funcionara sin someterse a la ley que ella misma produce.
Este tipo de gobernanza se vuelve central cuando las instituciones se debilitan. En contextos donde el Congreso no legisla efectivamente, donde la Justicia no controla y donde los reguladores están capturados, las redes informales llenan el vacío de poder. Estados Unidos no es la Unión Soviética, pero ciertas dinámicas son sorprendentemente similares cuando las reglas pierden credibilidad. Hombres como Epstein —y quienes integraban su red— ocuparon múltiples roles simultáneos: empresarios, asesores, académicos, reguladores, miembros de directorios. Se ponían el sombrero que mejor servía a sus intereses en cada momento.
Este esquema no es ajeno a Paraguay. Al contrario: es profundamente reconocible. Paraguay es un país donde todos saben que la ley existe, pero no gobierna. La pertenencia a redes familiares, políticas y económicas pesa más que cualquier procedimiento formal. El nepotismo, la narco-política y la corrupción estructural no funcionan solo con dinero; funcionan con redes cerradas de confianza que se protegen mutuamente. El problema no es que las reglas se violen, sino que nunca fueron el verdadero mecanismo de decisión.
En Paraguay, como en los sistemas de “blat”, la institucionalidad muchas veces cumple una función decorativa. El Congreso, la Justicia o los entes reguladores actúan como fachada, mientras el poder real circula por canales informales. Por eso los escándalos rara vez producen cambios profundos. Atacan síntomas, no el sistema. Cambian los nombres, pero no las redes.
La idea de meritocracia, legalidad y república se vuelve un relato vacío cuando el acceso al poder depende de vínculos personales y no de normas impersonales. El verdadero gobierno no siempre está en el Estado; muchas veces está en la capacidad de ciertos grupos de escapar sistemáticamente de él. Epstein no fue una excepción ni una anomalía moral aislada. Fue un síntoma de un orden donde las reglas formales dejaron de ser creíbles.
Mientras esas redes paralelas no se rompan, no importa cuántas leyes se aprueben ni cuántos escándalos se denuncien. El sistema seguirá funcionando igual. Epstein mostró cómo opera el poder cuando las instituciones se vacían. Paraguay no necesita un Epstein para entenderlo: ya convive con su propio “blat”.
Funcionarios públicos en asueto, te haces de tiempo para renovar tus documentos y en identificaciones no hay sistema, una vergüenza tu gestión, horrible identificaciones @SantiPenap@EnriqueRieraE
La mejor tributarista del país Norra RUOTTI COSP, desarma temerarios argumentos de ORUE sobre su teoría de " facturas a nombre de terceros de los sobres del poder'.
El alumnito de Marta González, asiduo visitante dominguero de Santi, quedó mudo.
Acabamos de tener un divertido debate con @aleperaltamerlo sobre las denuncias de Luz Candado. Ale tampoco vio los billetes todavía y admitió que no hay obligación de registrar visitas al presidente. Espero que les sea de alguna utilidad
Con respecto a la salida de la señora Luz Candado, quien se desempeñaba como coordinadora de servicio, quiero expresar que este es un tema que nos duele profundamente, porque involucra a alguien en quien, como familia, depositamos toda nuestra confianza.
Como presidente, no me corresponde acusar ni prejuzgar a nadie. Sin embargo, tampoco puedo aceptar que se construyan relatos torcidos y alejados de la verdad. La única verdad es que a Luz y a su familia les hemos dado un lugar de confianza en nuestro hogar y una oportunidad de crecimiento profesional, confiándole la coordinación de un servicio tan cercano a la vida familiar.
Tengo la tranquilidad de haber procedido siempre conforme a derecho, con un trato humano, digno y con el apoyo necesario para que tanto ella como su familia puedan salir adelante.
Finalmente, quiero ser claro: mi compromiso es y será siempre con la verdad, la transparencia y la justicia.