𝙰𝚕𝚋𝚎𝚛𝚝𝚘 𝙹. 𝙼𝚒𝚛𝚊𝚗𝚍𝚊 ⏻@DirMiranda
Este domingo, cuatrocientos mil paisanos votaron a un tipo que blande un melón a modo de argumento. Casi medio millón. Y me da miedo. Me da miedo porque uno querría pensar que, cuando se ponen sobre la mesa los argumentos correctos, la gente puede cambiar de opinión. Que para eso sirve discutir. Pero no es así. En absoluto.
La gente, en los políticos, lo que busca es espejos que le devuelvan lo que ya creen, no voces que les hagan pensar. Porque cambiar de opinión implica admitir que uno estaba equivocado, y eso duele. No solo por orgullo, también porque las ideas políticas no son simples ideas, son identidad, pertenencia, tribu, autoestima, visión moral del mundo. Son riñoneras moradas con tabaco de liar o chaquetas Barbour. Son Taburete o Marea.
Y eso es un problema, porque nadie va a ir a votar al más inteligente, ni al más prudente, ni al más competente. La gente va a darle su voto al que mejor lama sus prejuicios, al que mejor convierta resentimientos en discurso. Por eso es imposible saber si tenemos políticos que lanzan consignas infantiles, o políticos infantiles que lanzan consignas que suenan bien en sus seseras.
Dicho lo cual, mi intención original con este tuit era desmontar, paso a paso, el pensamiento lineal de este señor. Pero la propia reflexión me ha llevado a escribir primero sobre la democracia misma, y sobre cómo conduce, por el sistema de incentivos que tiene detrás, inexorablemente, a que un señor que blande una fruta en la mano en un Parlamento, consiga cuatrocientos mil votos.
Pero venga. Vamos al melón.
1. Dice Jose Ignacio que "ha recorrido 7000 kilómetros." El transporte marítimo emite del orden de 10-15g CO2 por tonelada/km; un camión, entre 60 y 150. Si hablamos de CO2, contamina más un camión de melones que sale de Almería, descarga en Huelva y vuelve, que un barco de melones que se hace 7000 kilómetros. Pero tampoco tiene mayor trascendencia esto, porque el transporte supone entre el 6% y el 11% de la huella total de un alimento, la clave es la producción. Un tomate holandés de invernadero calefactado emite más CO2 que uno español que viaja en camión: lo que contamina es el cómo, no el cuánto viaja.
2. "Ha madurado en el almacén de un barco en a saber qué condiciones." En un contenedor refrigerado con atmósfera controlada, temperatura constante, oxígeno bajo, y etileno regulado para frenar la maduración durante el trayecto. Sale de Brasil con certificado fitosanitario del Ministerio de Agricultura brasileño y pasa inspección en el puerto de entrada en la UE, con trazabilidad lote a lote. No es la cocina de los campas de Anticapi, hombre, es un barco brasileño de transporte internacional. Ahí hay higiene.
3. "Desconocemos qué producto fitosanitario tiene." Lo desconoces tú, que eres un melón. La UE aplica el Reglamento (CE) 396/2005, que fija los límites máximos de residuos, con controles en frontera y vigilancia anual de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.
4. "Se vende a 1,99 €/kg." Por tanto explotación laboral ¿verdad? porque no puede haber plusvalía para los malos burgueses con precios bajos y salarios altos. La ventaja comparativa (clima, suelo) y la economía de escala son conceptos fachas que ni entiendo ni tengo por qué entender. Claro que sí.
5. "Sueldo de miseria a los trabajadores brasileños." Fuente, la de la Puerta Jerez. La apertura agroexportadora ha sacado a millones de campesinos brasileños de la pobreza extrema en los últimos treinta años según el Banco Mundial. Brasil es una economía enorme. Si el argumento es pensar en los trabajadores brasileños, no les está usted haciendo ningún favor.
6. "Aumenta la colonialidad de los pueblos del sur." Negarle a un país soberano, (gobernado por Lula, del PT, por cierto) el derecho a vendernos su fruta es más paternalista que comprársela. Brasil no necesita que un diputado andaluz con un melón en la mano decida qué pueden exportar. Brasil es la décima economía del mundo, mayor que España y Portugal juntas, con un sector agroexportador puntero a nivel global. Melón.
7. "Empobrece a los trabajadores del campo andaluz." El campo andaluz vive de exportar: 15.000 millones de euros vendidos al exterior en 2024 frente a 7.000 importados. Si el diputado y su melón quisieran denunciar de verdad un tratado que sí hunde al jornalero andaluz, no traería un melón brasileño. Traería un tomate marroquí. Marruecos paga 0,98 € la hora frente a los 9,74 € de España, la UE autoriza en sus campos pesticidas que están prohibidos para el resto de productores europeos (gracias a Francia) y ha desplazado a España como primer proveedor de tomate de la UE, excediendo sistemáticamente sus cuotas arancelarias en más de 200.000 toneladas anuales. Eso sí es competencia desleal y eso sí empobrece al campo andaluz. Pero con Marruecos no tenemos tantos "melones" ¿verdad?
Acabo de dedicar siete argumentos a desmontar el melón con datos. Hay muchos más, pero creo que es suficiente. Me ha llevado un par de horas. ¿Va a servir de algo? No. Ni de broma.
La mayoría no lo leerá porque es muy largo. De los que lo lean, la derecha no estará de acuerdo conmigo porque Vox lleva dando la murga con el Mercosur desde antes que se firmara, pese a saber que es muy beneficioso para España en términos globales (yo sí me he leído el Mercosur, análisis de distintos sectores y bastantes estudios, sé lo que digo), pero les da igual, porque les da votos. Y por otro lado, los simpatizantes de José Ignacio escribirán aquí abajo insultándome. Y no digo que no me lo merezca, me lo merezco. Por supuesto que sí. Por vacilar a un melón con casi medio millón de votos. Pero además de recibir insultos me gustaría que esto hiciera pensar a alguien. Spoiler: no va a ocurrir, porque yo no soy el espejo de nadie.
Y ya está. No tengo ningún cierre genial que deje al lector con buen sabor de boca por haber llegado hasta aquí. No soy ningún erudito escribiendo. Solo soy un señor ridículo cabreado con un melón.