
Los grupos ultras están conformados por gente violenta y xenófoba, que es así en el fútbol y en otros ámbitos de la vida. Lo son en sus casas y en sus trabajos. En sus barrios. También en la política y en la comunicación.
Jalear el odio y querer fracturar la convivencia tiene consecuencias. Y muy graves.
En el PP podrían recapacitar. Hacer el esfuerzo de condenar rotundamente y no aceptar los postulados ultras de Vox en sus gobiernos.
Podrían empezar por no llamar a agitadores para participar en sus campañas, dejar de difundir bulos que hacen daño a familias enteras y parar ya de insultar al presidente del Gobierno. Insultos que se repitieron ayer en Cornellà y sobre los que no han dicho nada desde la oposición.
Quizá sea porque se sienten responsables de tanta crispación.
Señores y señoras del PP, para ser un buen demócrata no basta con decir que lo de ayer en Cornellà estuvo mal. Hay que predicar con el ejemplo.
RESPETO y, por supuesto MEMORIA, que esto no es nuevo y sabemos que no acarrea nada bueno.
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