

Patriota
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Paloma rogando café a un quemado. Cine 🚬





Por qué votaré por Paloma en primera vuelta. He dicho públicamente que votaría por quien tuviera más posibilidades de ganar. Y entiendo que hoy ese candidato no es Paloma. Aun así, votaré por ella. No porque comparta cada punto de su programa. Paloma cree en la intervención del Estado más de lo que yo quisiera. Pero hay algo que pesa más que el programa. Carlos Alberto Montaner alguna vez escribió los valores que debe tener un Presidente. Las tomó de los clásicos romanos. Son trece. No voy a enumerarlas todas, pero hay tres que me parecen decisivas para evaluar a quien aspira a gobernar Colombia. La primera es la “virtus”: el coraje. La valentía para dar la cara en los momentos más difíciles. Paloma y sus compañeros en el Congreso llevan años enfrentando con coraje a este gobierno y sus malas ideas, han sido una barrera de contención para sus intenciones, le han explicado al país cosas que nadie quiere escuchar sobre el precio real de sus promesas. Mi gratitud con ellos. La segunda es la “firmitas”: la firmeza. Paloma no ajusta sus convicciones según el auditorio. Se puede estar de acuerdo o no con ella, pero uno sabe exactamente qué va a defender, en qué cree. En política, esa previsibilidad tiene un valor enorme que subestimamos. La tercera es la “industria”: el trabajo honrado, por la gloria de servir y no para el beneficio personal. Paloma tiene un historial de trabajo técnico serio, sin escándalos, siendo reconocida por sus colegas, incluso sus opositores. Paloma cree en la intervención del Estado más de lo que yo quisiera. No comparto esa convicción. Pero la respeto, porque es suya. Sus propuestas son coherentes con lo que ella cree. Debo decirlo, con Abelardo no pude encontrar eso en estos meses de campaña. Cuando inició me entusiasmé con su campaña, me hablaba a los oídos, hablaba de libertad, de mercado libre, de comercio, de orden y seguridad. Pero después los campesinos se quejaron del precio de la leche. Entonces, propuso control de precios. Los confeccionistas protestaron por la ropa importada. Entonces, habló de proteccionismo. La gente se quejó de que los bancos no prestaban. Entonces, se fue lanza en ristre contra el sistema financiero. La gente pidió un outsider. Entonces, permitió que activaran una campaña negra contra su amigo Álvaro Uribe, y etiquetó a sus antiguos aliados como “los de siempre”. Un candidato que le devuelve a cada grupo su propia queja convertida en promesa no parecer tener convicciones. Se acomoda a lo que la gente pida. Y un gobernante sin convicciones no es predecible. No se sabe qué va a hacer cuando llegue al poder, porque eso dependerá de quién se queje más duro ese día. El vacío de convicciones se llena con lo que haya disponible en el momento. Y en Colombia, lo que siempre hay disponible es populismo. Voto por Paloma porque en esta elección lo que está en juego no es solo un programa de gobierno. Es una pregunta sobre el tipo de liderazgo que Colombia merece. Voto por ella, y seguramente seré opositor. Si gana, en segunda vuelta votaré por Abelardo, con el convencimiento de que aún con sus defectos es superior al desastre económico y moral que dejarían 4 años de Iván Cepeda.