Carlos Sánchez retweetledi

Realizar sexo oral y escuchar como la otra persona lo disfruta es oro puro...
Me lo confesó hoy mi colega durante el café de la mañana, con una mirada cargada de morbo que delataba su infidelidad de anoche: "Natalia, en casa es rutina, pero mi amante... él sabe que sentir sus dedos y boca es mi adicción".
Me contó que en mitad de la guardia nocturna, con el consultorio a media luz y la puerta cerrada con llave, él la subió a la camilla de examen, le abrió las piernas y se arrodilló dispuesto a devorarla.
Me describió de forma cruda cómo se enterraba entre sus muslos, lamiendo y succionando su centro con una devoción experta que la empapaba al instante.
Lo más salvaje del relato fue cuando me confesó los gemidos: la adrenalina de tener que morderse los labios con fuerza y enterrar las manos en el cabello de él para no gritar en mitad del hospital, mientras escuchaba cómo él disfrutaba con cada uno de sus espasmos húmedos.
Escucharla recordar el peligro de esa complicidad y el sonido de esa boca llevándola al límite me activó una urgencia electrizante en el vientre. A nosotras, las mujeres maduras, nos vuelve locas un hombre que se toma su tiempo ahí abajo y que goza haciéndonos perder el control.
La bata terminó en el suelo y la cordura profesional se destruyó ante el vicio de ser deseada de esa manera.
Hombres, sean sinceros... ¿Ustedes consideran que dominar el sexo oral y disfrutar del placer de su mujer es oro puro, o van directo a lo suyo?
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