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@Georgii_Obregon
♎| 30/09 🌾🐎🌿🐮🌷🐥🌱🐇🍀
CURUZÚ CUATIÁ CTES. Katılım Ocak 2014
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alomejor estoy un poco loca pero a mí la gente que dice que no le gustan los animales me producen un rechazo muy basto es más ni siquiera tendría una relación con alguien a quien no le gusten los animales
bu@lanegrabu
ODIO a la gente que lleva a sus perros a todos los lugares. Flaca estás viniendo a almorzar en un micro café Palermo deja el puto perro en tu casa tienen olor y no va a deja de ladrar.
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esto para vos que abandonaste a carlitos en plena ruta ojala te siga yendo mal en la vida mientras el es el perro mas querido y amado del pais #SusanaGimenez #NadieDiceNada

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Porque tu nunca vas a ser suficiente para la persona equivocada.
skyleb@sykleb27
Por qué siendo la Princesa Diana tan hermosa, así de hermosa como su corazón, el entonces Príncipe Carlos nunca llegó a amarla ni siquiera un poco?
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Hermano la piel de gallina que me puso este video. Compartanlo por TODOS LADOS, grupos de WhatsApp, facebook, Instagram, que no quede una sola abuela, tía, primo ni ningún familiar sin verlo.
twitter.com/giovannilarosa…
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Arme este video para la gente que esta pensando en votar en Blanco en el Balotaje. Dejemos de lado el ego y busquemos juntos una Argentina Distinta.
Ayúdenme con un Rt para que le llegue a todos!!
@FerCerimedo_ok
@JMilei
@VickyVillarruel
@JonatanViale
@mauriciomacri
@PatoBullrich
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Una mujer, después de las elecciones escribió este texto digno de ser compartido. No le cambié absolutamente nada. Es excelente para la reflexión post-electoral. Todos los créditos van a ella:
"Aviso, porque el que avisa no traiciona; lo que sigue es un manifiesto político. Personalísimo y a corazón abierto, pero un manifiesto político al fin. Y no es solo eso. Es también un ruego a aquellos conciudadanos de las generaciones que ya no son lo suficientemente jóvenes como para ir a gritar VIVA LA LIBERTAD CARAJO a una cancha, pero que todavía no están tramitando la jubilación, como sí lo estamos –o cerca-, nosotros.
Hoy no es un día feliz; y no porque el partido que voté y que recoge buena parte de mi ideario político no haya crecido lo suficiente como para ganar en primera vuelta, sin contramarchas ni repechajes. Estamos en el balotaje; es una proeza, una gesta heroica. Un triunfo per se.
No, no es eso.
Estoy triste y decepcionada con nosotros como sociedad. Estoy tratando de entender por qué somos un rebaño en lugar de una jauría, por qué puestos a elegir entre el campo abierto y el corral, siempre volvemos al corral. Por qué la libertad nos da tanto miedo, como si hubiéramos hecho de la dependencia techo y cobijo, como si, puestos a bastarnos por nosotros mismos, fuéramos irremediablemente a perecer de hambre y de frío.
Con astucia artera, los otros dos partidos, el que viene siendo gobierno desde 2003 a esta parte y aquel que, en el interregno de 2015 a 2019, amagó con cambiar de blanco a negro y no solo no cambió nada sino que lo empeoró todo, pintaron al liberalismo –y particularmente a su candidato- como “un peligro”. Un peligro que debía despertar en todos los votantes un miedo medular, ese antiguo miedo al abandono, y por ende, un repliegue sobre “lo seguro”. EL ESTADO. El estado imaginado como la solución a todas las necesidades, empleador de toda oveja trasquilada, distribuidor de beneficios a todo el que le rinda culto, el último bote en la inundación. El estado presente. Un padre bueno, justo y omnisciente que a todos nos cuida y nos ampara.
Estimados conciudadanos de mediana edad; a esta altura tenemos el deber de saber que, como los reyes magos, el estado presente no existe. Es un grupo de gente que, a resultas de una elección más o menos democrática, toma el control de las arcas públicas y hace con ellas lo que se le canta. Y lo que se le canta es, antes de todo, satisfacer sus personalísimas necesidades primarias, las secundarias y, si puede, sus caprichos menos aceptables. No hace falta citar ejemplos. Y el estado lo hace con la plata pública. A eso le llamamos “casta”.
Ese estado-gallina-clueca que se nos promete pasa rápidamente de empollarnos a asfixiarnos; y guarda de aquel pollo que quiera emerger de su seno; será controlado y dirigido para que, de todos los gusanitos que con su esfuerzo consiga, entregue la mayoría a mamá gallina, que ya no puede abarcar a todos los pollitos que multiplica exponencialmente.
Está más que trillado y explicado lo del estado obeso que ya perdió toda agilidad y solo consume recursos para mantener su inmenso cuerpo, del cual miles y miles de almas dependen para sobrevivir con las migas que caen de su voraz quijada. Está más que descripto el manejo, clásico de jodido emocional, de un estado que despluma a impuestos a medio país para pagar la militancia, la feligresía ciega, el salario estatal y el voto de la otra mitad. De ahí que llamo a las elecciones “más o menos” democráticas.
Lo que no está muy trillado es decirnos unos a otros, con cariño y solidaridad, que la libertad tiene sus riesgos pero que sus beneficios son invaluables. Que respirar aire fresco, buscar un empleo en una actividad productiva, escribir cosas que otros paguen con gusto por leer, procurarse el pan con el sudor de la propia frente, recibirse de profesional y buscar el mejor camino para ejercer, es maravilloso. Que poder hacerlo sin tener que ir a llenar cientos de formularios, sin tener que hacerse auscultar por el recaudador de impuestos ni pagarle el peaje a cada puestero del “buroducto”, ese dédalo creado para cobrar un puchito en cada esquina, eso es la libertad. Que la libertad no es desamparo, no es egoísmo, no es individualismo salvaje; ya sabemos lo que todo eso es. Miremos a este estado que mantenemos, miremos los viajes, los paraísos fiscales, los yates, los haras y los latifundios sindicales. Y miremos a los miles y miles que dependen de su interpósita caridad. La solidaridad de la libertad es otra cosa, amigos.
La libertad es un laboratorio pudiendo pagar con sus propias divisas la importación de los insumos que necesita, sin pedir permiso a quienes no entienden la actividad ni tener que dejar un diezmo en cada oficina estatal “blue”. La libertad es ese laboratorio empleando estudiantes de química, técnicos, administrativos y operarios para su planta, sin el riesgo de tener que empeñar hasta sus muebles si tiene que prescindir de alguno de ellos. La libertad es que ese trabajador que no funcionó, o que no se puede pagar, pueda encontrar la oportunidad de probarse en otra empresa… que existe precisamente por imperio de la libertad de emprender. La libertad es solidaria por su propia dinámica, porque –y esto lo repiten como un mantra los mismos asustados, pero con sentido opuesto- nadie crece solo, nadie gana ni multiplica su capital si no tiene manos, mentes y músculos que lo secunden, y que ganarán el proporción a su trabajo.
La libertad tiene riesgos, sí. Pero ojo, no sé si tiene más riesgos que permanecer en este estado de niñez colectiva eterna, bajo la tutela de un padre egoísta y arbitrario, alcohólico y putañero al que hay que lustrarle los zapatos, aplaudirle cada anécdota repetida y rendirle el producido de nuestro trabajo. Y que nos tiene encerrados en ese laberinto desde hace décadas y décadas, mientras nos reclama que nos comportemos como el prócer del cuadro que tiene tras su sillón. Tremendo síndrome de Estocolmo.
En algún momento ese estado paternal nos convenció de que la libertad económica era peligrosa. Y nos dejamos convencer. De que la libertad dejaba a todo el mundo sin trabajo, que hacía cerrar empresas, que enriquecía obscenamente a unos a costa de la miseria de otros. Y fueron precisamente aquellos que cercenaron todas las libertades, y con eso produjeron todas esas tristes consecuencias, quienes dieron pasto a ese incendio. Nada más lejos de la libertad, señores.
“Evidentemente los argentinos estamos acostumbrados a esto” me decía hoy, resignada, una compañera de trabajo. Que votó a la resignación, claro. Me dieron ganas de abrazarla, de decirle que no se resigne, que no baje los brazos, que no tenga miedo… que ella es suficientemente capaz, fuerte y valiosa como para que otros individuos libres la detecten, la elijan, la contraten y remuneren con justicia su valor. Y si no lo hacen con justicia, es la libertad la única que le dará el espacio y el oxígeno para buscar otro camino. Hay un mundo y una vida afuera de este sistema, un mundo en movimiento permanente, un universo fractal donde un brote puede brotar de la yema de otro brote. Ese mundo es el mundo libre. Lleno de escollos, de dificultades y de oportunidades por igual. El camino a ese mundo no es difícil; lo difícil, lo bravo, va a ser salir de este encierro, en el que solo tenemos paredes pintadas de colores y promesas que jamás se cumplirán. Eso es lo que a mí me da miedo.
Perdámosle el miedo a la libertad, amigos. Salgamos todos juntos por ese portón que se nos ofrece ahora mismo. Por nuestros hijos y nuestros nietos: Seamos libres, que lo demás no importa nada.
Y ahora, sí. Viva la Libertad, carajo."
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