Néstor Siurana@NestorSiurana
Lo de Turquía es salvaje.
Se ha convertido en el país con el mayor número de bases extranjeras en el mundo después de Estados Unidos.
EE.UU tiene 887 bases fuera y Turquía 133.
En África, la expansión es tremenda. Además, es el país musulmán que posee más bases extranjeras en todo el mundo.
El Top-5 lo completan Reino Unido (117), Rusia (29) y India (20).
En África, Turquía ha consolidado una red estratégica de instalaciones militares increíble, convirtiéndose en un actor de seguridad clave que desafía la influencia tradicional de potencias como Francia o Rusia.
Su poder se concentra principalmente en tres naciones, cada una con un propósito estratégico diferenciado.
🇸🇴 En Somalia, está el Campamento TURKSOM, la base militar turca más grande fuera de su territorio.
Funciona como una universidad de defensa donde Turquía entrena a miles de soldados somalíes (incluyendo fuerzas especiales) para combatir al grupo terrorista Al-Shabaab.
🇱🇾 En Libia, tras su intervención en 2020, Turquía mantiene presencia activa en la base aérea de Al-Watiya y una base naval y terrestre en Misrata.
Estas instalaciones son fundamentales para sostener su influencia en el Mediterráneo y apoyar al gobierno de Trípoli.
🇹🇩 En Chad, Turquía ha asumido el control de la base militar de Abéché (anteriormente utilizada por Francia) y tiene presencia en Faya-Largeau.
Esto le permite crear un puente logístico hacia el Sahel y contrarrestar la influencia rusa en la región.
Los objetivos de la estrategia turca son la expansión militar de Ankara, liderada por el presidente Erdoğan, respondiendo a una estrategia "afro-eurasiática" que busca beneficios en múltiples niveles.
En primer lugar, la seguridad y la lucha antiterrorista.
Turquía se posiciona como un garante de seguridad "neutral" y sin pasado colonial, ofreciendo entrenamiento y tecnología avanzada (como los drones Bayraktar TB2) para combatir insurgencias en países como Somalia, Mali o Níger.
En segundo lugar, la influencia geopolítica.
Turquía busca llenar los vacíos dejados por potencias tradicionales (como el repliegue francés en el Sahel) y competir con los países del Golfo por el control de rutas marítimas y comerciales.
En tercer lugar, la expansión económica.
La presencia militar facilita la exportación de su industria de defensa y abre puertas a contratos de infraestructura, energía y recursos naturales (como petróleo en Somalia o gas en Argelia).
Y en último lugar, el poder blando y religioso.
Utiliza la identidad islámica compartida y la ayuda humanitaria para fortalecer lazos culturales, presentándose como una "nación hermana" que trata a los países africanos como socios iguales.