Armando Cortez retweetledi

#Oaxaca LA PIÑATIZA: LA CAÍDA DEL KMONITO: EL CONSEJERO QUE SE CREYÓ JURISTA SUPREMO Y RESULTÓ UN MONO DE PELUCHE
Morfeo
Oaxaca tiene nueva especie política registrada por la ciencia: el Consejerus Jurídicus Pendejus, también conocido como Geovany “Kmonito” Vásquez Sagrero, ese funcionario que se pasó medio año mame y mame que su decreto para suprimir mil 344 plazas era legal, impecable, constitucional, brillante, histórico…
y hoy, doce meses después, lo vemos hecho origami, doblado, desdoblado y refundido en el bote de “papel de desecho político”.
Porque la vida es sabia: entre más pendejo el consejero jurídico, más se aferra al cargo. Hasta que lo sueltan… y deja un tiradero del tamaño de su ego.
No hay que quitarle méritos: La ideota es 100% suya.
Fue él quien parió la “solución mágica” de suprimir plazas como si fueran stickers de WhatsApp.
Se paró frente a cámaras, micrófonos y reporteros como si fuera Alan Dershowitz versión Tlayuda y gritó:
Usó palabras rimbombantes: libre configuración legislativa, facultades soberanas, principio de supletoriedad normativa…
Y Oaxaca entendió lo mismo que entendió el Congreso: nadie sabía qué chingados estaba diciendo.
Pero ahí lo dejaron. Total, cuando un consejero jurídico habla con tecnicismos, algo debe saber, ¿no?
Pues no.
Parece que no.
Un año después, llegó la realidad —esa cosa incómoda que en Oaxaca siempre llega oliendo a pólvora y a demandas— y ¡pum!, el decreto que él defendió con saliva ajena se vino abajo.
Lo doblaron.
Lo desdoblaron.
Y lo volvieron a doblar.
Lo mismo que pasa con un vale de despensa mojado.
Y mientras el consejero intentaba salvar su prestigio jurídico, todos en Palacio se preguntaban:
“¿Quién carajos dejó a este señor hacer decretos?”
Para rematar, Geovany se aventó el numerito de perseguir enemigos imaginarios. Todo era culpa de alguien más. Él, por supuesto, un mártir del humanismo.
Llegó al extremo de justificar el decretazo diciendo:
“Si no lo hacíamos así, hubiera sido peor.”
Efectivamente:
hubiera sido peor… para él, porque ahora ya ni cómo defender la cagada jurídica que dejó como herencia.
Su cátedra final fue esta joya:
“No vamos contra los trabajadores, por eso se les da indemnización.”
Traducción:
“La cagamos, nos van a meter demandas, mejor pagamos y nos hacemos pendejos.”
Así termina la historia del consejero jurídico que quiso ser gigante, pero lo único que le quedó grande fue la soberbia.
La supresión de plazas no solo se cayó:
se desplomó como obra de empresa fantasma del IOCIFED.
Y hoy, en los pasillos del gobierno, lo recuerdan con cariño:
“Ah sí… ¿el que inventó el decreto pendejo?
¿El que todo el año dijo que era legal y lo doblaron de un soplido?
¿El que hablaba como jurista y resolvía como becario?”
Ese mero.
El Consejero de Papel.
La próxima vez que el gobierno necesite desaparecer plazas, que no le pregunten a él. Mejor que consulten una gallina, una ouija, o al Marran0liver, mínimo ellos no presumen ser genios.
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