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Gustavo Plaza Varela
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Piso de 52 metros en Valencia.
No reformado.
Sin ascensor.
Cocina de cuando Chanquete aún tenía pulso.
Precio: 1.100€.
Lo suben a Idealista un lunes.
El martes ya tienen 43 mensajes.
El miércoles aparece una pareja de 29 años.
—Nos encanta.
—Perfecto. Necesitaríamos nóminas, contrato y aval.
La chica se ríe.
—¿Aval? ¿Para este piso?
El propietario mira las humedades del techo.
Luego mira la encimera marrón.
Luego mira el fluorescente que parpadea como una discoteca triste.
—Ya. Yo tampoco viviría aquí por 1.100€.
Silencio.
Pero lo mejor viene ahora.
El chico empieza con el discurso:
—La vivienda es un derecho. No podéis especular con una necesidad básica.
La chica asiente.
—Totalmente. La gente como vosotros está expulsando a nuestra generación de las ciudades.
El propietario, 67 años.
Jubilación: 1.087€.
Hipoteca del piso: todavía 14 años pendientes.
IBI.
Comunidad.
Seguro.
Derrama por la fachada.
Y una lavadora nueva porque la anterior murió centrifugando con dignidad.
Pero claro.
“Especulador”.
El señor respira.
—Tenéis razón. Es caro.
—Muchísimo.
—Y aun así hay 43 personas interesadas.
—Porque no nos dejáis otra opción.
Entonces la chica suelta la frase:
—Nosotros no queremos enriquecer a ningún casero.
Hasta ahí, todo normal.
Ideología de sobremesa.
Pero el propietario les pide los datos para preparar el contrato.
Y ahí empieza el espectáculo.
El chico trabaja en remoto.
3.200€ al mes.
La chica también.
2.700€ al mes.
Ingresos conjuntos: casi 6.000€.
Nada mal para dos víctimas del sistema.
—¿Y tenéis alguna vivienda en propiedad?
—Bueno…
Primera pausa.
De esas que huelen a muerto debajo de la alfombra.
—Tenemos un apartamento en Gandía.
—¿Vivís allí?
—No. Lo tenemos alquilado.
—¿A cuánto?
Otra pausa.
Más larga.
—A 1.350€ en temporada.
—¿Temporada?
—Sí. Es que anual no compensa.
El propietario se queda mirando al chico.
El chico mira al suelo.
La chica mira el móvil.
La humedad del techo también mira, pero sin juzgar.
—Entonces vosotros no queréis enriquecer a ningún casero.
—Exacto.
—Pero sí queréis ser caseros.
—No es lo mismo.
—¿Por qué?
—Porque lo nuestro es una inversión familiar.
Ah.
Claro.
Cuando lo haces tú, es inversión familiar.
Cuando lo hace otro, es especulación salvaje.
Cuando tú cobras 1.350€ por un apartamento en Gandía, estás “optimizando patrimonio”.
Cuando un jubilado intenta pagar la derrama, está “expulsando jóvenes”.
Maravilloso.
España, resumen ejecutivo.
El propietario sigue.
—¿Y por qué no vivís en vuestro apartamento?
—Porque está lejos.
—Pero es vuestra vivienda.
—Ya, pero nuestra vida está aquí.
—Y la mía depende de cobrar este alquiler.
—No compares.
—No. Mejor no.
Porque si compara, se rompe el cuento.
La pareja se va indignada.
Esa misma tarde, la chica sube un tuit:
“Acabamos de visitar un piso indigno por 1.100€. Los caseros son el cáncer de este país.”
23.000 likes.
1.800 retuits.
Comentarios pidiendo expropiaciones, controles, huelgas y hogueras simbólicas.
Todo muy revolucionario.
Hasta que alguien encuentra su perfil de Airbnb.
Apartamento en Gandía.
“Escapada mediterránea con encanto”.
145€ la noche.
Fianza de 300€.
Limpieza obligatoria: 80€.
Normas de la casa:
“No fiestas.”
“No mascotas.”
“No visitas no declaradas.”
“Salida antes de las 10:00 o penalización.”
Y mi favorita:
“Se ruega cuidar la vivienda como si fuera propia.”
Como si fuera propia.
Pero solo cuando es la suya.
En 20 minutos, Twitter hizo lo que Twitter sabe hacer cuando no está discutiendo sobre croquetas:
Capturas.
Hilos.
Memes.
Gente haciendo zoom al felpudo.
Uno encontró hasta la reseña de un huésped:
“Muy bonito, pero caro para lo pequeño que es.”
Respuesta de la anfitriona:
“Los precios responden a la demanda de la zona.”
La demanda.
Esa palabra mágica.
Si la usa otro: capitalismo criminal.
Si la usas tú: realidad del mercado.
Al día siguiente, borró el tuit.
Luego puso otro:
“No entendéis nada. Una cosa es sobrevivir y otra lucrarse.”
Y ahí está el problema.
Todo el mundo quiere vivienda barata.
Pero nadie quiere alquilar barato lo suyo.
Todo el mundo odia al casero.
Hasta que hereda un piso.
Todo el mundo habla de derechos.
Hasta que tiene que pagar comunidad, IBI, reforma, impagos, derramas y meses vacíos.
Y ojo.
Hay alquileres abusivos.
Hay caseros miserables.
Hay agencias que deberían pedir perdón antes de abrir la boca.
Pero también hay mucha gente que no odia el sistema.
Odia no estar en el lado que cobra.
Resumen:
La vivienda es un derecho.
Sí.
Pero la hipocresía también debería cotizar.
Porque hay personas que gritan “especulación” con una mano…
y con la otra te cobran 145€ la noche por un apartamento con sofá cama del Carrefour.
Así que dime:
¿Queremos solucionar el problema de la vivienda…
o solo queremos que el malo sea siempre el que tiene algo que nosotros todavía no tenemos?
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Mi solidaridad con Santos Cerdán y su familia.
El acoso de ultraderechistas disfrazados de periodistas no tiene cabida en una democracia.
Esto no va de partidos, va de derechos.
Un abrazo, @santicl.
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👨⚖️ AYUDA a nuestro equipo jurídico a SENTAR a SÁNCHEZ en el BANQUILLO
💪 Gracias a tu apoyo, nos hemos convertido en la auténtica pesadilla de Sánchez y su entorno.
⚖️ Estamos personados como acusación popular en los principales casos de corrupción que afectan a su círculo político y familiar, ejerciendo la dirección letrada en algunos de los casos que más temen.
🫵 Pero en realidad te temen a ti.
🤝 Este pulso judicial al poder solo es posible gracias a personas como tú, que hacen posible seguir adelante y mantener al PSOE contra las cuerdas en los juzgados.
🙏Ayúdanos a que nuestro equipo jurídico consiga sentar a Sánchez ante el banquillo.
👇 Colabora aquí:
cgo.ac/scQ8eweE

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Y punto.
Muchas gracias @telemadrid por ser el único medio que me ha permitido dar mi versión.
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Esta imagen debería salir en todas las portadas. Grande Vito Quiles. @vitoquiles
Pásala, que la vea todo el mundo.

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🔴 El periodista @vitoquiles intenta hacerle unas preguntas a la mujer de Pedro Sánchez, cuando es agredido física y verbalmente por unas mujeres que la acompañaban: el momento de “¡pero que paréis charos!” es ÉPICO y para VERLO EN BUCLE
SÓLO RETUITEA
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Aldama hoy en el Supremo:
- Es una banda criminal: «En la banda criminal está como número 1 Sánchez, número 2 Ábalos, número 3 Koldo y yo -Aldama- en el 4»
- Aldama tuvo que retirarse de la compra de un complejo a la SEPI porque Begoña Gómez lo quería para ella.
- Sánchez estaba al corriente del viaje de Delcy, de la financiación ilegal del PSOE y del trabajo de Aldama. Según Aldama, Sánchez le dijo: «Sé perfectamente lo que estás haciendo. Muchas gracias por todo».
- Aldama asegura que Koldo le pidió ayuda para adjudicar obra pública y así financiar al PSOE de forma irregular a través de donaciones.
- Aldama afirma que entregó 1.800.000€ al PSOE entre 2019 y 2020. Koldo le dijo: «No te preocupes. Yo ya hago las asignaciones para que diferentes personas aparezcan en las donaciones».
- Aldama llevaba el dinero en efectivo a Koldo y Ábalos. Se lo entregaba en sobres si la cantidad era de 50.000€, pero si la cantidad era superior a 250.000€ los llevaba en una mochila.
- Aldama asegura que María Jesús Montero dio la orden para ayudarle con una deuda de una de sus empresas. Para ello, la exministra, llamó a su número dos para que le hiciera el favor a Aldama. A las pocas semanas la empresa de Aldama salió de la lista de morosos.
La PSOE es la mayor mafia jamás vista en España.
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He vivido 15 años fuera de España, 9 de ellos fuera de Europa (siempre con la intención de volver a mi país y eso hice).
Fuera de Europa no se aplica la “prioridad nacional”, sino la “exclusividad nacional”.
Nunca recibí ningún tipo de ayuda o prestación. Habría sido inconcebible que un extranjero, da igual lo que hubiese “aportado”, recibiese una ayuda en lugar de un nativo del país.
Lo mismo se aplica a la sanidad; si quería estar allí, tenía que pagarme un seguro privado de mi bolsillo. Cuando tuve que ir a urgencias, me hicieron pagar después hasta el último céntimo. Si hubiese tenido una enfermedad grave, me habrían mandado de vuelta a España para que me trataran aquí.
Fuera de la UE, es obligatorio demostrar medios económicos para poder pedir un visado y es imposible recibir un permiso de trabajo a menos que un empleador local demuestre que ese puesto no puede ser cubierto por ningún trabajador nacional; incluso en ese caso, se desincentiva la contratación de extranjeros cobrando al empleador un importe considerable anualmente por el visado.
El visado, ya sea de trabajo o de estudiante, siempre es temporal y tiene que renovarse cada año. Cuando vivía en Turquía, el plazo para renovar el visado una vez se me pasó, por sólo 2 días; pese a estar allí como estudiante / tener pasaporte de la UE / haber demostrado medios económicos / hablar el idioma / tener estudios superiores / estar ya inscrito en la universidad allí y haber pagado la matrícula / tener ya un piso alquilado / etc., me denegaron la renovación, me dieron una semana para abandonar el país y me dijeron que si quería seguir estudiando allí, fuese a la embajada turca en mi país de origen y volviese a solicitar el visado allí. Y es lo que hice. Si no hubiese salido del país en el plazo indicado, la policía habría venido a buscarme, me habrían deportado en el primer avión y no me habrían permitido volver a entrar al país en al menos 5 años.
Nunca me habrían dado facilidades para que me quedara en su país. Nunca me habrían dado incentivos económicos para hacerlo. Nunca me habrían dado un permiso de residencia solo por estar allí. Nunca me habrían concedido la nacionalidad de su país, da igual los años que hubiese pasado allí y da igual lo que hubiese “cotizado”.
Todo esto es normal. Y es como funcionan las cosas en casi todos los países del mundo.
La excepción somos nosotros y nuestras políticas sυicidas.
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