Antes de viajar, el vecino siempre me pega sus culiaditas de despedida… me deja lleno y con ganas de más, porque lo hace demasiado rico. Hacemos plan de “cita” primero, como si fuéramos juiciosos, pero los dos sabemos que eso es pura pantalla… al final siempre terminamos en mi apartamento.
Sin embargo, la espera genera una tensión sexual casi insoportable. La última vez que viajó se fue por 30 días, mientras yo imaginaba todo lo que me iba a hacer cuando regresara.
Cuando por fin llegó, yo ya tenía todo listo Me puse el uniforme de puta que tanto lo vuelve loco y preparé el escenario, porque sé perfectamente que le encanta grabarme mientras me usa. Yo ya estaba más que listo, entregado y lubricado, esperando simplemente ser detonado por él.