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A Iñaki Urdangarin cayeron cinco años y diez meses de cárcel. Todo lo llevó una acusación popular, Manos Limpias.
Iñaki abusó de una posición de privilegio institucional para la promoción y el beneficio profesional privado
En el caso de Begoña Gómez, la Audiencia de Madrid ha señalado que se valió de su privilegiada posición como esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para impulsar sus proyectos.
Entre otros, la obtención y codirección de su cátedra universitaria en la Universidad
El Tribunal Supremo determinó en el caso de Urdangarin que su mero parentesco ejercía una presión moral sutil pero decisiva sobre los funcionarios públicos.
Esta misma doctrina la ha aplicado la Audiencia de Madrid con Begoña Gómez. La Audiencia dictamina que el vínculo matrimonial con la presidencia del Gobierno puede constituir esa misma presión moral eficiente.
Tanto Iñaki como Begoña articularon sus actividades a través de entidades que les otorgaban una fachada de prestigio o un propósito social.
Para canalizar los fondos institucionales, Iñaki Urdangarin utilizó el Instituto Nóos, una entidad que formalmente operaba sin ánimo de lucro en el ámbito del deporte y el turismo.
Begoña Gómez se sirvió del paraguas institucional de la Universidad Complutense y de su Cátedra de Transformación Social Competitiva.
Y este paraguas le permitió presentarse ante grandes corporaciones privadas (como Indra, Telefónica o Google) desde un estatus diferente al de una ciudadana cualquiera.
Más allá del tráfico de influencias, la evolución del proceso contra Begoña Gómez ha desembocado en una acusación por malversación de caudales públicos.
Un delito por el cual Iñaki Urdangarin también terminó siendo juzgado.
Y condenado.
A cinco años y diez meses de cárcel.

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