
Lo que acaba de suceder en Colombia con la decisión de su banco central de elevar la tasa de interés (del 10.25% al 11.25%) es un excelente ejemplo de lo que estamos discutiendo en México con la reciente disminución de nuestra tasa. Nos encontramos en un momento de crisis económica global basada en el rentismo financiero y por encima de los sectores reales de la economía. En Colombia queda claro que esta decisión es un golpe a la economía real para proteger a los sectores financieros. Pero lo mismo pasa en México, una economía con altas tasas de interés va a frenar el proceso de desarrollo real de la economía. Relajar la tasa es dotarle de oxígeno de inversión para fortalecer la base industrial. El gran error de los economistas neoliberales es que parten del dogma de que la inflación es estrictamente un tema monetario cuando en realidad este tiene que ver con la capacidad productiva y la concentración oligopólica de los mercados. De aquí que una tasa de interés baja, por ejemplo, combate la inflación al permitir elevar la inversión real, por un lado, y contiene el abuso en precios por parte de las empresas a través de acuerdos sectoriales como el PACIC o los topes gasolineros. Es decir, se tiene que abandonar ya el adoctrinamiento de mercado que tienen la mayoría de los analistas en los temas financieros. La política monetaria no puede separarse, en el análisis, de lo que sucede en la política fiscal, pero sobre todo en la política industrial. Es necesario superar ya el monetarismo friedmaniano, teoría anacrónica, que todavía vive en boca de los analistas financieros anclados en la visión de la banca privada y sus intereses.






















