
Lo grave de la polémica alemana sobre los fondos europeos no es solo si España movió 10.500 millones de los Next Generation a otro vehículo. Lo grave es lo que revela: un Estado que presume de lluvia de dinero europeo pero no tiene capacidad de convertirla en productividad real. Los fondos covid debían acelerar reformas, digitalización, energía, vivienda e industria. Si al final hay que crear un fondo gestionado por el ICO para no perder dinero que no se ejecutó, el problema no es Bruselas ni Alemania. Es ejecución. España no sufre por falta de recursos. Sufre por exceso de intermediación política. Cada euro europeo entra con un relato épico y sale convertido en convocatoria, consultora, ministerio, ventanilla, requisito, foto y retraso. La diferencia entre un país que se transforma y uno que se subvenciona es simple: el primero convierte capital en productividad. El segundo convierte capital en relato presupuestario. Europa puede transferir dinero. No puede transferir competencia institucional.












