
Qué lindo que se ha puesto todo. Pensar que, hace dos décadas, cuando iba al colegio, decir que no eran 30.000 te costaba una sanción; el Che era un santo laico que estampaba camisetas; Néstor y Cristina encabezaban una revolución “nacional y popular”; Chávez y Maduro construían la “Patria grande”; Evo y Correa secundaban esta empresa; Cuba se arrogaba la paternidad del “socialismo del Siglo XXI”; Obama consolidaba una agenda progresista dentro y fuera de Estados Unidos, y decir que uno era de derecha, en cualquier rincón, era tabú. Veinte años después: nos cagamos en las mentiras del setentismo, y afirmar que no fueron 30mil se convirtió en un lugar común; ya nadie usa las remeras del Che: el socialismo revolucionario ya no está de moda; Néstor y Chávez son cadáveres putrefactos; Cristina está presa por corrupta; Maduro y su narcodictadura están rodeados por fuerzas norteamericanas, y pueden caer en cualquier momento; el régimen cubano no inspira nada más que horror; Evo está escondido por pedófilo, y Correa escondido por ladrón; Trump gobierna Estados Unidos y @JMilei la Argentina, la agenda woke está en crisis, y la juventud occidental empieza a girar rápidamente a la derecha, incluso en lugares tan complicados como España. Por fin, asumirse de derechas ya no es tabú, sino un signo de sentido común, sanidad mental, altura moral y rebelión contra el establishment. Ah, también de pulcritud e higiene personal. Insisto, qué lindo que se puso todo. La batalla cultural sí que dio resultados.

























