Evelin@iamevelinp
¿Se puede evitar la muerte?
Ayer murió una paciente de 17 años por una apendicitis complicada.
Sí, por una apendicitis.
Una adolescente que durante aproximadamente 10 días recorrió cuatro centros de salud. Llegaba con dolor abdominal, distensión, secreción vaginal amarillenta y fétida. Era sexualmente activa, y probablemente en algún momento fue enfocada como un caso ginecológico.
Pero era abdomen agudo.
Cuando llegó a nuestro centro, llegó en shock.
Se le realizaron analíticas, pero antes de tener resultados completos, su condición colapsó. Fue llevada a UCI, estabilizada y trasladada a quirófano.
En cirugía se encontraron aproximadamente 3,000 cc de pus en cavidad abdominal. Una apendicitis perforada. Sepsis instaurada.
Dos días después, falleció.
Y aquí es donde me golpea la realidad.
Yo creo que la muerte, como destino final, es inevitable. Nacemos y algún día morimos. Pero lo que sí creo es que algunas causas de muerte pueden evitarse.
Una apendicitis no debería matar a una paciente de 17 años.
Dolor abdominal, fiebre, náuseas, vómitos, diarrea en una adolescente previamente sana. Ese diagnóstico no es complejo. No requiere ser cirujano. Requiere sospecha clínica.
La apendicitis la operamos los quirúrgicos.
Pero la deben diagnosticar todos los clínicos.
Esta paciente buscó ayuda. Sus familiares buscaron ayuda. Fue despachada una y otra vez. Llegó sin referimiento. Llegó cuando ya la sepsis estaba instaurada.
Y sí, quizás su muerte era inevitable en ese mismo día. Pero no tenía que ser por una apendicitis.
Eso es lo que duele.
Eso es lo que me choca.
Eso es lo que no debería pasar.
Porque cuando el diagnóstico se retrasa, no es solo un error. Es una oportunidad perdida de salvar una vida.