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Que el odio por Petro no te haga votar por Abelardo.


Hace tres años logramos lo imposible. Rescatamos a cuatro niños que duraron perdidos en la selva amazónica durante 40 días. 13 años, 9 años, 4 años y 11 meses eran las edades de las tres niñas y el niño Mucutuy que perdieron a su mamá en ese trágico accidente aéreo. Dos mundos y toda una nación nos unimos en medio de la diferencia y la adversidad. Para los militares, los mapas y las brújulas eran las guías. Para los indígenas lo eran los espíritus de la selva y el yagé. En realidad, no se trata de creer en la creencia del otro, se trata de respetarla. Para algunos debíamos abandonar esta misión imposible. Ya eran demasiados recursos invertidos y los niños ya deberían estar muertos. Para nosotros, rendirnos no era la opción. Hay que persistir, resistir, insistir y nunca desistir. Lo más cercano a crear una vida es salvarla. Dos días antes de encontrarlos, ingresé a la selva a buscarlos junto a nuestros valientes comandos y sabios indígenas. Quería tener la conciencia tranquila de haber hecho hasta lo imposible. La fe es la certeza de lo que no se ve, y mientras tenga el uno por ciento de posibilidad, hay que mantener el 100 % de fe. Cuatro indígenas encontraron a los menores. Pero sin nuestros militares hubiera sido imposible cumplir la misión. Cada uno es indispensable, pero juntos somos invencibles. Hay que ser valientes, nunca sabemos cuándo la vida nos lo exija. Respeto, persistencia y fe. Ojalá toda Colombia viviera estas lecciones de vida y esperanza. Con la fe intacta.








Votaré por @IvanCepedaCast No es hora de vacilar ni de titubear para quienes estamos convencidos de que es preferible equivocarnos buscando la paz que, supuestamente, acertando promoviendo la guerra, la violencia y la agresividad. Tampoco podemos vacilar ante quienes, en esta campaña, consideran que los derechos sociales son un gasto y no una inversión. La lucha contra la pobreza no puede tener el más mínimo recorte en los presupuestos del país. Sé que Cepeda es un hombre incorruptible, austero y serio—demasiado para mi gusto—y, sobre todo, comprometido con las libertades individuales y colectivas que lo convierten en defensor de la democracia y de los derechos humanos. Finalmente, puedo afirmar que es un hombre que no reivindica el caudillismo ni el mesianismo que han hecho tanto daño al país desde la derecha como desde la izquierda. Por eso, Cepeda será garantía para promover el acuerdo que tanto necesita Colombia: no alrededor de su personalidad ni de su ego, sino de las necesidades del país.



