Joaquín Garrido

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Joaquín Garrido

Joaquín Garrido

@JoaGarrix

Fides et ratio

Присоединился Mart 2020
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Pope Leo XIV
Pope Leo XIV@Pontifex·
In various parts of the world, Christians suffer discrimination and persecution. I think especially of Bangladesh, Nigeria, Mozambique, Sudan, and other countries from which we frequently hear of attacks on communities and places of worship. God is a merciful Father who desires peace among all His children! I accompany in prayer the families of Kivu, in the Democratic Republic of the Congo, where in recent days there has been a massacre of civilians. Let us pray that all violence may cease and that believers may work together for the common good.
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Daniel
Daniel@Thevilthatmend6·
Ahora si van a derogar el aborto?
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Victoria Villarruel
Victoria Villarruel@VickyVillarruel·
Hoy me uno en Fe a todos los que veneramos a la Virgen del Rosario, Madre y Protectora que nos conduce a su Hijo. El rezo del Santo Rosario acompaña a generaciones de argentinos en la lucha, en la esperanza y en la vida cotidiana, recordándonos que la oración es fuente de paz y de fortaleza espiritual. Le pido a la Virgen del Rosario que cuide a nuestra Nación, que ilumine a nuestros gobernantes y que nunca falte su amparo sobre el Pueblo argentino. Y mi especial abrazo a todos los rosarinos que hoy conmemoran a su Santa Madre! ¡María del Rosario, ruega por nosotros!
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Joaquín Garrido
Joaquín Garrido@JoaGarrix·
@Chami_798 -vida humildemente, en el caso de León en zonas pobres de Perú.
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Joaquín Garrido
Joaquín Garrido@JoaGarrix·
@Chami_798 El oro en el Vaticano está en la arquitectura y los ornamentos, el Papa no tiene lingotes en su mesita de dormir. La Iglesia Católica es la institución que más ayuda a los pobres a nivel mundial, y cualquier sacerdote que llegue al Vaticano (como León XIV) vivió gran parte de su-
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Joaquín Garrido
Joaquín Garrido@JoaGarrix·
@JaimeMercant Pero si ya dijo Santo Tomás de Aquino que el fin último de un Estado es la santificación de sus miembros. Toda política de estado edifica o no a sus ciudadanos, y por ende tienen consecuencias sobre su vida espiritual
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Mn. Jaime Mercant Simó
Mn. Jaime Mercant Simó@JaimeMercant·
El papa León XIV, frente a las actuales tendencias antiinmigración de algunos países, ha afirmado, entre otras cosas y seguramente con la mejor intención del mundo, que los «migrantes» son «misioneros de esperanza». Con todo el respeto, creo que no debería generalizarse y meterse en el mismo saco a todos los que deciden emigrar de sus países, pues una parte lo hace legalmente y otra ilegalmente; una parte emigra con sanas intenciones y otra tiene unas motivaciones que no son tan limpias, enriquecedoras y constructivas. Por otro lado, considero que el Papa y el resto de obispos deben respetar las políticas de las naciones occidentales que se ven desbordadas y son incapaces de contener la conflictividad social y de restaurar el orden, a causa de dicho desbordamiento. Las consideraciones piadosas y políticamente correctas no pueden anular el bien común de una república, el cual pertenece al derecho natural. De hecho, ni siquiera el derecho divino suprime el derecho natural, sino que lo presupone y perfecciona, como enseña santo Tomás de Aquino. A mi modo de ver, el Magisterio debería limitarse, pues, a dar grandes principios políticos, sociales y morales, relativos a los derechos divino y natural, únicamente condenando aquellas leyes y políticas concretas que vayan en contra de dichos derechos. Los lucidísimos maestros de la Escuela de Salamanca, en el siglo XVI, dejaron claro que el papa, haciendo uso de su autoridad, no puede intervenir en las cuestiones temporales concretas de las repúblicas, excepto en aquellas que están ordenadas a lo sobrenatural o espiritual (in ordine ad supernaturalia). Anteriormente, Dante advirtió, en el libro tercero de su tratado De Monarchia, que el papa no debe injerirse en el poder temporal, del mismo modo que los príncipes de las repúblicas no deben entrometerse en las cuestiones propias de la Iglesia. En el siglo XIV, este tratado dantesco no gozó de las simpatías de algunos cardenales; alguno de ellos lo llegó a quemar, pese a que nunca fue oficialmente condenado. Es más, el papa León XIII dejó claro que, en dicha obra, no existía absolutamente nada contrario a la enseñanza católica. Finalmente, creo que el Vaticano debería ser muy prudente a la hora de tratar acerca de la inmigración ilegal en particular, puesto que éste es el único país del mundo que no la padece y el único que está completa y herméticamente amurallado. La misericordia es superior al derecho, ciertamente, pero resulta muy fácil y cómodo ser misericordioso con los derechos de los demás. ----------------------- Imágenes ilustrativas: Dante Alighieri y León XIV.
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Joaquín Garrido
Joaquín Garrido@JoaGarrix·
@JaimeMercant Padre, en relación al 3er punto, podría recomendarme un buen libro de filosofía del derecho desde el tomismo?
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Mn. Jaime Mercant Simó
Mn. Jaime Mercant Simó@JaimeMercant·
La raíz perversa de todos los errores de los sistemas políticos democratistas del Occidente contemporáneo la encontramos en el artículo tercero de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789): «La fuente de toda soberanía reside esencialmente en la nación; ningún individuo ni ninguna corporación pueden ser revestidos de autoridad alguna que no emane directamente de ella». Según este principio revolucionario, la fuente primera y la principal razón de ser de toda soberanía ya no se encontrarían en Dios, como enseña san Pablo —«no hay autoridad sino por Dios» (Rom 13, 1)—, sino en la nación. Este postulado de la Revolución, pues, debe considerarse el fundamento antidivino por antonomasia de toda Constitución hodierna que, inspirándose en dicho postulado, profesa la nueva religión fundamentalista del democratismo. En este sentido, podemos decir que el dogma de la soberanía nacional estriba básicamente en tres errores sustantivos: 1) Es un error religioso: no sólo porque entra en conflicto con la antedicha enseñanza paulina (non est potestas nisi a Deo), sino porque neglige lo que el mismo Cristo le dice a Pilato: «No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto» (Jn 19, 11). 2) Es una apostasía: porque esta falsa doctrina la postulan históricamente los apóstatas revolucionarios, pero, en un sentido más amplio, también supone la apostasía general de las naciones cristianas, puesto que éstas han terminado por obrar, de forma proactiva y coactiva, una negación implícita de Dios y de su poder, como puede constatarse habitualmente en los códigos normativos actuales. 3) Es un error metafísico: este artículo tercero está vinculado al sexto, en el que se subraya que las leyes de una nación son expresión de la voluntad general del pueblo, siguiendo así la quimera de Rousseau. Primeramente, una ley no puede ser un producto de la voluntad, puesto que ésta es una potencia ciega; la ley es una ordenación de la razón dirigida al bien común (ordinatio rationis ad bonum commune), como enseña santo Tomás (S. Th. I-II, q. 90, arts. 1-2). En segundo lugar, ni los individuos ni las personas morales colectivas de las naciones pueden darse a ellas mismas las leyes. La promulgación de una ley no es un acto inmanente, sino transeúnte, o sea, se origina en el sujeto agente del gobernante, pero su efecto se produce fuera de él. Por el contrario, el hecho de admitir que la persona corporativa de la nación puede darse una Constitución o leyes a sí misma es equivalente a reducir la acción de legislar a un acto inmanente, lo cual resulta absurdo. En fin, les sugiero recordar esta modesta reflexión cuando oigan a algún católico liberal y pequeñoburgués —aunque éste sea mitrado—, apelar a la Constitución o a la democracia para defender el bien común, el cual suele confundirse, por cierto, con el interés general de la mayoría. Tengan en cuenta, pues, que es imposible defender el bien común sobre una base constitucional y legiferante de carácter teológica y ontológicamente nihilista, esto es, en donde Dios es deliberadamente olvidado e implícitamente negado; y sus leyes divina y natural, radicalmente contravenidas.
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Media Research Center
Media Research Center@theMRC·
.@SpeakerJohnson: "We are the first nation in the history of the world that acknowledged that our rights do not derive from government. They come from God himself."
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Joaquín Garrido
Joaquín Garrido@JoaGarrix·
@JaimeMercant Completamente. Vivimos en una dictadura iuspositivista. ¿Me podría recomendar autores y libros de filosofía política que traten, desde una perspectiva católica, éstas ideas?
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Mn. Jaime Mercant Simó
Mn. Jaime Mercant Simó@JaimeMercant·
Karl Marx, pese a ser un demagogo desquiciado y un monstruo degenerado, tuvo más de un momento lúcido en el desarrollo de su análisis político. Al respecto, vale la pena tener en cuenta su visión del aparato del Estado, al cual considera una "excrecencia parasitaria" y un "aborto sobrenatural de la sociedad". Para Marx, el Estado es un parásito gigantesco, siempre al servicio de la oligarquía. Dicho parásito estatal, mediante su burocracia, su policía o su magistratura, como si fuese una suerte de "boa constrictor", aprisiona despiadadamente al conjunto del cuerpo social. Marx aquí, en este aspecto particular, no se equivoca, aunque sus principios y conclusiones sean erróneos e incluso perversos. Efectivamente, yo creo que el Estado Leviatán es sólo una estructura de poder, pero que el imaginario colectivo identifica con la totalidad de la república (respublica) o comunidad política natural. En este sentido, el Estado contemporáneo no sólo va en contra del orden natural, sino que también atenta en contra del orden sobrenatural, puesto que pretende reemplazar la autoridad de Dios, anulando, a la vez, cualquier tipo de autoridad natural y moral, como la que pertenece a la familia. Fíjense que, en este punto, no estoy diciendo que el mal se encuentre únicamente en la partitocracia, sino en el Estado mismo, porque los partidos políticos, bien sean de izquierdas o de derechas, participan todos, en mayor o menor grado, de la estatal "estructura de pecado". El día que los católicos veamos al Estado demagogo y tiránico, con su Constitución y su dinámica sofístico-democrática, como el problema y no como la solución, estaremos en mejores condiciones de arrojar luz a este mundo, repleto de masas aborregadas y cretinizadas. La solución política no es la marxista ni la socialista, pero tampoco la liberal ni la libertaria, sino la católica, a saber, abogar por una constitución o conformación natural, orgánica y cristiana de las comunidades políticas o sociales. Lo que aquí sostengo no es ninguna utopía; se ha dado ya en la historia. Ahora bien, será imposible realizarlo mediante el actual sistema democrático, instrumento del poder hipertrofiado del Estado, puesto que la democracia es intrínsecamente perversa. Un partido cristiano está condenado a dejar de ser cristiano, porque, al aceptar las "reglas democráticas" del Estado ateo e inmoral, está permitiendo su contaminación y la corrupción de sus principios, adoptando, casi sin percatarse, el "lenguaje degenerado" de las deformadas y nihilistas categorías políticas contemporáneas. No seamos reduccionistas. La "acción política" no tiene por qué ser necesariamente partidista. Ejerzamos dicha actividad librando primera y fundamentalmente una batalla de las ideas y por la verdad. Si la sociedad fuera asumiendo gradualmente un pensamiento político católico y tradicional, el sistema del Leviatán terminaría colapsando. Los cristianos de los primeros siglos, por ejemplo, consiguieron que todo el Imperio romano se convirtiese en cristiano por la predicación y el testimonio de los fieles, especialmente de los mártires. Paulatinamente, el Evangelio se introdujo en todas las capas de la sociedad. De un modo similar deberíamos actuar nosotros en nuestra época neopagana. Ahora bien, creo que, para conseguir dicho fin, sería del todo imprescindible que la Iglesia jerárquica dejara de apelar, por ejemplo, al diálogo, a los valores democráticos, a la sana laicidad, a los derechos humanos y a la ideologizada fraternidad universal, y empezase por recordar a la gente que, ante todo, existe una verdad única y absoluta, fuera de la cual no hay salvación.
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