Fernando Cardenete@fercardenete
No me considero siquiera bueno en un género que me parece complicadísimo, pero a lo largo de los años habré hecho al menos unos centenares de entrevistas en esports.
Algunas habrán salido decentes, la mayoría mediocres y por desgracia algunas malas por diferentes motivos. Incluidos entre otros ineptitud por falta de preparación, barrera lingüística, problemas para navegar la atmósfera del momento o, algo tan simple como humano, no encontrar las palabras adecuadas en el momento. Aprendes con el tiempo a vivir con ello al ser parte del trabajo.
También lo es que el protagonista es el competidor, no el entrevistador. Algunos perfiles son capaces de desarrollar un estilo tan llamativo que casi eclipsa al entrevistado, pero no es lo habitual; menos aún en esports. A veces es difícil combatir el ego o la influencia de un sector que se solapa más que muchos otros con el entorno influencer, pero en mi opinión es un error perder de vista que lo importante no es quien porta el micrófono.
He sido bastante crítico a lo largo de los años con la ligereza con la que los competidores rechazan entrevistas. No es fácil plantear coberturas en esports, menos aún con un paso de los años que ha dado progresivamente, más aún que en otras industrias, menos motivos para invertir en un periodismo en peligro de extinción. A nadie le agrada acudir a un evento para regresar con las manos vacías por una cancelación de última hora debido a un mal resultado deportivo.
Tampoco gusta publicar una entrevista insulsa porque el competidor la ha concedido por pura obligación. Por suerte o por desgracia la realidad es que, más allá de cubrir el cupo mínimo de entrevistas, los competidores no deben nada a los medios. No son monos de feria que deban acceder a cualquier petición, sino personas con el mismo derecho que el entrevistador a afrontarlo como un trámite laboral o atravesar un mal momento mientras cumplen con un compromiso profesional.
Precisamente la tarea del entrevistador es conjurar un embrujo que haga al competidor sentirse tan cómodo que se libere de las ataduras de la formalidad hasta ofrecer una entrevista interesante. Y no es para nada sencillo generar tal ambiente, mucho menos sin un rapport con el protagonista en unos escasos minutos tras los cuales quizá no volváis a coincidir en vuestra vida.
Frustra desaprovechar oportunidades que no sabes si volverás a tener o granjearte, con más o menos motivo, una mala imagen entre los entrevistados o el público por una mala entrevista. A no ser que se traspasen ciertos límites deontológicos, no es el fin del mundo en la carrera de fondo que es una trayectoria profesional. Todo es parte de un oficio que, como todos los oficios, suele requerir de muchas repeticiones para alcanzar cierto nivel de destreza.