Glenda Rancaño@rancanoglenda7
¿Sabías que Josef Fritzl convenció a su hija de 18 años de que le ayudara a colocar una puerta en el sótano de su casa, la durmió con un trapo empapado en éter en cuanto entró, cerró la puerta con varias cerraduras blindadas y no volvió a dejarla salir durante 24 años?
Lo hizo el 28 de agosto de 1984, en Amstetten, Austria. Arriba, en la misma casa, seguía viviendo su esposa Rosemarie con el resto de los hijos. Fritzl le dijo que Elisabeth se había escapado para unirse a una secta, y la obligó a escribir cartas desde el sótano pidiendo que dejaran de buscarla. Rosemarie las creyó. La policía también.
En ese sótano de 40 metros cuadrados, sin ventanas, sin ventilación y sin ningún tipo de asistencia médica, Elisabeth dio a luz a siete hijos a lo largo de esos 24 años. Tres de ellos crecieron encerrados con ella sin ver nunca la luz del sol, sin salir nunca al exterior, sin saber que existía un mundo fuera de esas paredes. Los otros tres aparecieron en la puerta de la casa de arriba acompañados de notas que Fritzl obligaba a Elisabeth a escribir, diciendo que los dejaba abandonados porque no podía cuidarlos. Rosemarie los crió como nietos, sin sospechar nada. Uno de los bebés murió a los tres días de nacer. Fritzl incineró el cuerpo él mismo, dentro de la casa.
La historia salió a la luz en 2008 cuando una de las hijas que había crecido en el sótano enfermó gravemente y tuvo que ser ingresada en el hospital. Fue la primera vez que Elisabeth pisó la calle desde el verano de 1984. Los médicos que la atendieron avisaron a la policía de inmediato. Fritzl fue detenido ese mismo día. Dos días después confesó todo. En 2009 fue condenado a cadena perpetua. Elisabeth y sus hijos viven hoy en Austria bajo identidades protegidas.
Elisabeth fue encerrada en ese sótano con 18 años. Volvió a ver la luz del sol con 42.
#TrueCrime #documentary