Raúl F. Millares
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Raúl F. Millares
@millares
Periodista. Ciencia, medio ambiente, salud... Ahora, comunicación digital y RRSS en @greenpeace_esp. Antes, en @SEO_BirdLife. Creo que la injusticia se cura.










Petra oleum, haciendo daño y dinero desde su descubrimiento moderno. «Las primeras perforaciones de pozos petrolíferos productivos en el Nuevo Mundo se produjeron en 1858 en Enniskillen, Ontario. A estas siguieron las mucho más conocidas de Titusville, Pensilvania, en 1859. Tras ello, se asumió con optimismo que el petróleo (un neologismo que significa «aceite de roca») debía ser muy valioso. Sin embargo, igual que el bitumen durante el mismo periodo (o las empresas de internet en la actualidad), nadie sabía bien cómo manejarlo o monetizarlo. Tan escaso era el conocimiento acerca de esta sustancia apestosa, viscosa e iridiscente que, hasta 1860, la gente lo bebía, se daba friegas por el cuerpo, retrocedía ante el hedor y tiraba al río lo que sobraba. Eso no impidió que se embotellara y se vendiera. El «aceite Seneca» estaba recomendado para quemaduras, cardenales, esguinces y heridas. «Penetra, purifica, calma y cura», aseguraba un entusiasta. «Déselo al niño con tos perruna». Sin embargo, hubo un grupo de químicos que vio el potencial de combustión del petróleo. También lo vieron los especuladores. Tras el legendario descubrimiento del «Coronel» Edwin Drake en agosto de 1859, las granjas que rodeaban Titusville comenzaron a venderlo por sumas desorbitadas. Se cavaron tantos pozos, tan rápido y tan cerca unos de otros, que parecía que los terrenos de la zona habían empezado a producir, de repente, inmensos cultivos de grúas de madera». @JohnVaillant en El tiempo del fuego. Historia de un incendio en un mundo más cálido.




Mirad qué jeta lo de Monasterio (Se lo tenía que decir…) 👇🏼







