

James Hamilton
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@JamesHamiltonCL
Médico, Cirujano, Investigador. Ley de imprescriptibilidad para abuso sexual de niños, niñas y adolescentes. Insta: @jameshamiltondr




«El hombre violento». Nueva entrada en el Blog del Planeta, a partir del libro de @JamesHamiltonCL: #HomoExul @debatelibros @penguinlibros 👇 elplanetadeloslibros.wordpress.com/2026/03/24/el-…




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¿El Ayuno Intermitente (TRE) cura el metabolismo o es solo una ilusión calórica? Todos hablan de este estudio, que desmonta el "magia del horario" Metámonos en profundidad...

Vagus nerve stimulation (VNS) modulates gut-brain microtubule networks. Chronic VNS in 3xTg-AD mice upregulates acetylated tubulin by 52%. This stabilizes microtubules via HDAC6 inhibition. Gut-derived SCFAs (butyrate) increased 40% post-VNS. Butyrate activates vagal afferents, enhancing σ1R-mediated microtubule polymerization. Reduced NLRP3 inflammasome activation in ENS lowers IL-1β by 60%. This mitigates tauopathy and Aβ oligomer-induced depolymerization. Spatial memory improved 35% (MWM probe trial). Vagal denervation exacerbated microtubule fragmentation. VNS acts as a cytoskeletal conductor, tuning gut signals to fortify brain microtubules. sciencedirect.com/science/articl…



Este excelente artículo del WSJ expone a las claras el gran debate generacional en la medicina actual: si ser médico debe entenderse como una vocación sacrificial o como un trabajo con límites razonables. Los médicos jóvenes cuestionan hoy la cultura del sobretrabajo, reivindican el equilibrio entre vida personal y profesional y rechazan que el sacrificio ilimitado sea una exigencia ética. Creo llevar tantos años como el Dr. J. Vaughan (en la foto) viviendo estos dilemas, que en mi generación apenas llegamos a formular. Con el tiempo, y en diálogo con las nuevas generaciones, he aprendido algo: la solución no pasa por elegir entre vocación o empleo, sino por superar esa falsa oposición y avanzar hacia un modelo de vocación sostenible. La vocación no puede seguir identificándose con el sacrificio ilimitado, la disponibilidad permanente o la renuncia sistemática a la vida familiar. En todo caso, es un compromiso profesional estable y responsable en el tiempo. Cuidarse no es una concesión privada ni una claudicación moral; al contrario, es una exigencia ética hacia el paciente, porque un médico agotado, quemado o resentido es (clínicamente) poco fiable. La verdadera medida de la vocación está en la constancia, la calidad del cuidado y la capacidad de sostener la práctica médica a lo largo de los años sin degradación humana ni profesional (no en el número de horas sacrificadas). Ese compromiso, además, no debe descansar en el heroísmo individual; exige una corresponsabilidad institucional. La continuidad asistencial hay que entenderla como un bien organizativo, más que como una carga personal, de modo que guardias, noches, festivos… se distribuyan con criterios equitativos y revisables. El descanso, la previsibilidad horaria y los límites al sobretrabajo -lejos de ser privilegios laborales- son condiciones de seguridad clínica. Los pacientes no necesitan mártires, sino sistemas capaces de ofrecer buena atención sin hacerlo a costa de agotar al médico. De ahí la necesidad de aceptar turnos estructurado, ajustes temporales por cargas familiares o funciones de supervisión asumidas por médicos con mayor experiencia, entendiendo todas estas trayectorias como complementarias y necesarias, más que como desviaciones éticas. Tampoco puede haber un equilibrio real si el médico permanece atrapado en una sobrecarga de trabajo no clínico que erosiona tanto su bienestar como la relación con el paciente. La hipertrofia burocrática, la gestión administrativa, la “medicina de checklist” y los sistemas informáticos mal diseñados tienen que reducirse mediante una delegación efectiva de tareas y el uso de tecnología orientada a devolver tiempo al encuentro clínico, no a intensificar el control y la vigilancia. En ese sentido,la evaluación del desempeño profesional debe desplazarse del volumen de registros y clics a la calidad del cuidado y la responsabilidad clínica. Así sí puede configurarse una ética profesional madura, en la que el paciente siga siendo el centro, el médico sea reconocido como un profesional finito y la institución asuma su parte de responsabilidad, permitiendo que la medicina permanezca como vocación precisamente porque deja de exigir que quien la ejerce se consuma en ella… on.wsj.com/4saHdDE




